/ miércoles 13 de enero de 2021

Comandante Mateo: la captura que hizo retumbar metralletas en todo Cunduacán

Su sanguinaria incursión en el narco lo posicionó en la lista de los más buscados en el territorio nacional y la frontera

“Voy a contarles un caso / que en la historia va a quedar / lo que ha pasado en Tabasco / hoy se los vengo a cantar / del comandante Mateo / nacido aquí en Cunduacán…”

Pidió hacer una llamada. Dijo que tenía derecho, que iba a hablarle a su familia. Le facilitaron un teléfono. Los ministeriales no sabían con certeza a quién tenían entre las manos. Hizo su llamada y en menos de una hora, un agente de la Policía Estatal de Caminos yacía incinerado dentro de su patrulla por un bazucazo, y un comandante al que apodaban el “Chocomilk” estaba muerto en el piso de la Casa de justicia de Cunduacán, con un tiro en la cabeza, sobre un charco de sangre.

Con estos hechos, en Tabasco se inauguraba una época en la que el sonido de la metralla y el retumbar de la artillería pesada del narco cimbraría la tranquilidad de ciudadanos y autoridades por igual.

Foto: Ilustrativa | El Heraldo de Tabasco

Mateo Díaz López, alias Comandante Mateo (o Z-10), oriundo del municipio de Cunduacán, Tabasco, era el encargado del trasiego de droga en la plaza, según un reporte de la Subprocuraduría de Investigación Especializada en Delincuencia Organizada (SIEDO). Un video tomado por las autoridades el día de su detención, ocurrida en el bar “La Palotada”, lo muestra tirado en el piso de la Casa de Justicia del municipio, esposado, con el cabello largo asomando debajo de una capucha. Quién diría que ese muchacho humilde, hijo de una conocida familia de campesinos de la región, habría de llegar tan lejos pero siguiendo la senda equivocada: en su juventud, Mateo Díaz perteneció al Grupo Aeromóvil de Fuerzas Especiales del Ejército Mexicano, de donde desertó en 1998 para hacer su debut en las filas del crimen organizado.

“Era un 16 de julio / cuando el rugir de metralla / allá por la madrugada / detonaron las granadas / en la Casa de Justicia / no pudieron hacer nada…”

Lo que el corrido apenas pudo esbozar en medio de los acordes de un grupo desconocido, quedó plasmado en un video anónimo grabado desde el interior de la Casa de Justicia de Cunduacán, justo cuando un comando (armado hasta los dientes con “cuernos de chivo” o fusiles AK-47), granadas de mano y propulsadas por cohete (RPG), además de un parque que parecía inacabable, intentaron rescatar de los separos de la policía al que hasta entonces fue su jefe.

Foto: Ilustrativa | El Heraldo de Tabasco

“Pónganse abusados, ¡Están tirando, Están tirando! Apaguen las luces, las luces!" (Sonido de disparos) "Llamen al Ejército, por favor" (Voz de mujer, seguida de más ruido de detonaciones) "Oye… ¡nos siguen baleando aquí!" (Voz de hombre, en la oscuridad, hablando por teléfono celular) "Por favor llamen al Ejército… pidan refuerzos, no se queden allí parados!”

El sanguinario Mateo Díaz López estaba entre la lista de los más buscados de la PGR y de otras corporaciones a uno y otro lado de la frontera. Era una pieza clave en la organización del Cártel del Golfo, y fundador, junto con Eriberto Lazcano Lazcano “Z-1” del grupo de sicarios conocido como los Zetas. En Estados Unidos lo adiestraron miembros de las fuerzas especiales, con instructores israelíes especializados en operaciones encubiertas, contrainsurgencia y tácticas de guerrillas. El Congreso norteamericano lo tenía ubicado en una lista junto con otros 18 Zetas. No podían creer que estos ex militares mexicanos transformados en homicidas recibieron capacitación pagada por los ciudadanos norteamericanos. Según el semanario Proceso, en su edición 1529, de diciembre de 2005, a su vez, el Pentágono solicitó información a la Secretaría de Defensa mexicana (Sedena), la cual no respondió, según explicó el teniente Jeff Gordon al reportero Jesús Esquivel, corresponsal de Proceso en Washington.

“Todavía pensaba esa noche / lo que podía suceder / la llegada de los Zetas / con arma gruesa y poder / patrulla y casas quemaron / ya casi al amanecer…”

Foto: Ilustrativa | El Heraldo de Tabasco

El tiroteo se prolongó durante casi una hora. La metralla descarapelaba el concreto de las fachada de la casa de justicia de Cunduacán. Los refuerzos no llegaban y la desesperación de pobladores y personal de la Procuraduría atrapados en el interior era mayúscula. Todo el hecho quedó registrado en video. Una veintena de sicarios bien armados y entrenados trataban de rescatar a Mateo a sangre y fuego.

A lo lejos, seguían relumbrando las explosiones de los cohetes, los fogonazos de las pistolas y los fusiles.

Luego que el grupo armado arremetió por segunda vez para liberarlo a él y a Darwin Alexander Bermúdez Zamora, de quien también se presume pertenecía a la guerrilla nicaragüense, el Ejército mexicano y la Policía Federal hicieron, por fin, su aparición.

Ningún sicario fue detenido. De inmediato, acordonaron el área, aseguraron a Mateo y a su cómplice y comenzaron a hacer el levantamiento pericial.


Después, los criminalistas hacen números, conjeturas. Se estima que aquella noche fueron percutidos unos 12 kilogramos de balas de diversos calibres; se detonaron dos cohetes (uno de los cuales impactó la patrulla y quemó vivo a un oficial).

“La muerte de un comandante / y un agente de caminos / estaban en sus labores / por ellos piden castigo / tarde o temprano se arregle / para que no haya peligro…”

La mañana siguiente, ambos detenidos permanecen en la Subprocuraduría de Investigación Especializada en Delincuencia Organizada (SIEDO), donde son interrogados.

Foto: Ilustrativa | El Heraldo de Tabasco

Elementos de la PGR localizaron en el kilómetro 146+500 de la carretera Villahermosa-Cárdenas, la camioneta Suburban dorada, sin placas, que utilizó el grupo armado que pretendió rescatar al comandante de la casa de justicia de Cunduacán.

“Al recibir la llamada / de la banda organizada / todos están temerosos / por la tercera llegada / ahí lo están esperando / el Ejército y la Armada…”

Al pez gordo también se le relacionaba con el homicidio de Carlos Mario Cruz Magaña, sobrino del narcotraficante Alcides Ramón Magaña, alias El Metro, preso en “La Palma".

Foto: Ilustrativa | El Heraldo de Tabasco

Los hechos quedaron asentados en la averiguación previa PGR/SIEDO/UEIDCS/122/2006 debido a la detención de Mateo Díaz López y Darwin Alejandro Bermúdez Zamora, así como su requisición y traslado a la ciudad de México.

Mateo Díaz López era el responsable de la célula del cártel del Golfo que operaba en Tabasco, Chiapas y Veracruz, en donde además pretendía crear su propio grupo, junto con otros miembros de la organización; Iván Velásquez Caballero alias El Talibán y Omar Larmendez Pitalúa, alias comandante Pita, quién después fue capturado en Michoacán.

Así terminó su sueño de crear una extensión del cártel que poco a poco se fortalecería hasta escribir su propio nombre con sangre en el extenso mapa del sureste mexicano.

Acabó su sueño.

Pero, al menos, le escribieron su corrido.

#ArchivosSecretosdePolicía | Sigue los casos históricos más sonados y espectaculares de la nota roja local, a través de...

Publicado por El Heraldo de Tabasco en Martes, 12 de enero de 2021

“Voy a contarles un caso / que en la historia va a quedar / lo que ha pasado en Tabasco / hoy se los vengo a cantar / del comandante Mateo / nacido aquí en Cunduacán…”

Pidió hacer una llamada. Dijo que tenía derecho, que iba a hablarle a su familia. Le facilitaron un teléfono. Los ministeriales no sabían con certeza a quién tenían entre las manos. Hizo su llamada y en menos de una hora, un agente de la Policía Estatal de Caminos yacía incinerado dentro de su patrulla por un bazucazo, y un comandante al que apodaban el “Chocomilk” estaba muerto en el piso de la Casa de justicia de Cunduacán, con un tiro en la cabeza, sobre un charco de sangre.

Con estos hechos, en Tabasco se inauguraba una época en la que el sonido de la metralla y el retumbar de la artillería pesada del narco cimbraría la tranquilidad de ciudadanos y autoridades por igual.

Foto: Ilustrativa | El Heraldo de Tabasco

Mateo Díaz López, alias Comandante Mateo (o Z-10), oriundo del municipio de Cunduacán, Tabasco, era el encargado del trasiego de droga en la plaza, según un reporte de la Subprocuraduría de Investigación Especializada en Delincuencia Organizada (SIEDO). Un video tomado por las autoridades el día de su detención, ocurrida en el bar “La Palotada”, lo muestra tirado en el piso de la Casa de Justicia del municipio, esposado, con el cabello largo asomando debajo de una capucha. Quién diría que ese muchacho humilde, hijo de una conocida familia de campesinos de la región, habría de llegar tan lejos pero siguiendo la senda equivocada: en su juventud, Mateo Díaz perteneció al Grupo Aeromóvil de Fuerzas Especiales del Ejército Mexicano, de donde desertó en 1998 para hacer su debut en las filas del crimen organizado.

“Era un 16 de julio / cuando el rugir de metralla / allá por la madrugada / detonaron las granadas / en la Casa de Justicia / no pudieron hacer nada…”

Lo que el corrido apenas pudo esbozar en medio de los acordes de un grupo desconocido, quedó plasmado en un video anónimo grabado desde el interior de la Casa de Justicia de Cunduacán, justo cuando un comando (armado hasta los dientes con “cuernos de chivo” o fusiles AK-47), granadas de mano y propulsadas por cohete (RPG), además de un parque que parecía inacabable, intentaron rescatar de los separos de la policía al que hasta entonces fue su jefe.

Foto: Ilustrativa | El Heraldo de Tabasco

“Pónganse abusados, ¡Están tirando, Están tirando! Apaguen las luces, las luces!" (Sonido de disparos) "Llamen al Ejército, por favor" (Voz de mujer, seguida de más ruido de detonaciones) "Oye… ¡nos siguen baleando aquí!" (Voz de hombre, en la oscuridad, hablando por teléfono celular) "Por favor llamen al Ejército… pidan refuerzos, no se queden allí parados!”

El sanguinario Mateo Díaz López estaba entre la lista de los más buscados de la PGR y de otras corporaciones a uno y otro lado de la frontera. Era una pieza clave en la organización del Cártel del Golfo, y fundador, junto con Eriberto Lazcano Lazcano “Z-1” del grupo de sicarios conocido como los Zetas. En Estados Unidos lo adiestraron miembros de las fuerzas especiales, con instructores israelíes especializados en operaciones encubiertas, contrainsurgencia y tácticas de guerrillas. El Congreso norteamericano lo tenía ubicado en una lista junto con otros 18 Zetas. No podían creer que estos ex militares mexicanos transformados en homicidas recibieron capacitación pagada por los ciudadanos norteamericanos. Según el semanario Proceso, en su edición 1529, de diciembre de 2005, a su vez, el Pentágono solicitó información a la Secretaría de Defensa mexicana (Sedena), la cual no respondió, según explicó el teniente Jeff Gordon al reportero Jesús Esquivel, corresponsal de Proceso en Washington.

“Todavía pensaba esa noche / lo que podía suceder / la llegada de los Zetas / con arma gruesa y poder / patrulla y casas quemaron / ya casi al amanecer…”

Foto: Ilustrativa | El Heraldo de Tabasco

El tiroteo se prolongó durante casi una hora. La metralla descarapelaba el concreto de las fachada de la casa de justicia de Cunduacán. Los refuerzos no llegaban y la desesperación de pobladores y personal de la Procuraduría atrapados en el interior era mayúscula. Todo el hecho quedó registrado en video. Una veintena de sicarios bien armados y entrenados trataban de rescatar a Mateo a sangre y fuego.

A lo lejos, seguían relumbrando las explosiones de los cohetes, los fogonazos de las pistolas y los fusiles.

Luego que el grupo armado arremetió por segunda vez para liberarlo a él y a Darwin Alexander Bermúdez Zamora, de quien también se presume pertenecía a la guerrilla nicaragüense, el Ejército mexicano y la Policía Federal hicieron, por fin, su aparición.

Ningún sicario fue detenido. De inmediato, acordonaron el área, aseguraron a Mateo y a su cómplice y comenzaron a hacer el levantamiento pericial.


Después, los criminalistas hacen números, conjeturas. Se estima que aquella noche fueron percutidos unos 12 kilogramos de balas de diversos calibres; se detonaron dos cohetes (uno de los cuales impactó la patrulla y quemó vivo a un oficial).

“La muerte de un comandante / y un agente de caminos / estaban en sus labores / por ellos piden castigo / tarde o temprano se arregle / para que no haya peligro…”

La mañana siguiente, ambos detenidos permanecen en la Subprocuraduría de Investigación Especializada en Delincuencia Organizada (SIEDO), donde son interrogados.

Foto: Ilustrativa | El Heraldo de Tabasco

Elementos de la PGR localizaron en el kilómetro 146+500 de la carretera Villahermosa-Cárdenas, la camioneta Suburban dorada, sin placas, que utilizó el grupo armado que pretendió rescatar al comandante de la casa de justicia de Cunduacán.

“Al recibir la llamada / de la banda organizada / todos están temerosos / por la tercera llegada / ahí lo están esperando / el Ejército y la Armada…”

Al pez gordo también se le relacionaba con el homicidio de Carlos Mario Cruz Magaña, sobrino del narcotraficante Alcides Ramón Magaña, alias El Metro, preso en “La Palma".

Foto: Ilustrativa | El Heraldo de Tabasco

Los hechos quedaron asentados en la averiguación previa PGR/SIEDO/UEIDCS/122/2006 debido a la detención de Mateo Díaz López y Darwin Alejandro Bermúdez Zamora, así como su requisición y traslado a la ciudad de México.

Mateo Díaz López era el responsable de la célula del cártel del Golfo que operaba en Tabasco, Chiapas y Veracruz, en donde además pretendía crear su propio grupo, junto con otros miembros de la organización; Iván Velásquez Caballero alias El Talibán y Omar Larmendez Pitalúa, alias comandante Pita, quién después fue capturado en Michoacán.

Así terminó su sueño de crear una extensión del cártel que poco a poco se fortalecería hasta escribir su propio nombre con sangre en el extenso mapa del sureste mexicano.

Acabó su sueño.

Pero, al menos, le escribieron su corrido.

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Publicado por El Heraldo de Tabasco en Martes, 12 de enero de 2021

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