/ domingo 24 de marzo de 2019

Carmen huyó de su pareja y él se vengó rociándole ácido a la cara

El victimario de Carmen es su expareja y padre de su hija; vivieron 10 años juntos y le quemó la vida

Carmen Sánchez huyó de su pareja tras ser violentada en diferentes ocasiones. Decidió divorciarse. Ya había padecido mucho, la vida con el padre de su hija era insoportable... al grado de que él ya la había “picado” en varias ocasiones en su cuerpo, todo por celos.

Abandonó su casa y se refugió con su madre. Carmen se sentía segura, tranquila.

Un día, su agresor la ubicó. Ingresó al domicilio en el Estado de México. La tomó por sorpresa. Discutieron en la habitación que su madre le había habilitado para que viviera con su hija.

Quince minutos después, la discusión se salió de control. “No voy a regresar contigo”, fue la frase que propició que su expareja sacara de entre sus ropas una botella y le arrojara ácido en la cara y cuerpo. El agresor huyó y ella quedó sola con su vida deformada por el ácido.

Los hechos ocurrieron en 2014 y hasta el día de hoy Carmen Sánchez pide justicia. Su expareja descarriló su vida con un líquido que en cualquier ferretería cuesta 25 pesos.

Son más de 50 cirugías a las que se ha sometido. El camino es doloroso, pero más tortuoso es el desdén de las autoridades.

Carmen dice que él llegó con engaños: “Primero me pidió que le diera oportunidad de estar conmigo y que iba a cambiar, después cuando le dije que ya no, me empezó a amenazar que le iba a pagar cada una de las cosas que él estaba viviendo en ese momento y que si no iba a estar con él, entonces ya con nadie”.

“Entonces cuando terminamos la discusión, se da la vuelta. Él acostumbraba a usar chamarras muy grandes, se da la vuelta y yo salgo atrás de él para corroborar que efectivamente ya se iba y cerrar.

En ese momento él voltea y me arroja el ácido que trae en una botella”, relató.

Carmen nunca se imaginó que traía una botella con ácido en su chamarra. “Me imaginaba todo, cuando me amenazaba.

Yo había recibido llamadas de amenaza de él y nunca me imagine eso. Me imaginé que posiblemente me podría volver a “picar” porque ya lo había hecho anteriormente, me había dado cuatro piquetes con un picahielo. Me imaginaba todo, pero jamás me imaginé que por su mente pasara él arrojarme ácido en la cara y deformar mi vida”.

LARGO CAMINO DE LA JUSTICIA

Luego de la lesión con ácido y el doloroso paso por el quirófano, la exigencia de justicia ha sido un largo camino para Carmen quien relata a Organización Editorial Mexicana (OEM) la travesía en el Ministerio Público de Amecameca.

“Desde el momento que llegué con el médico legista no me dio la atención correspondiente.

Él menciona en mi expediente que no necesito hospitalización y que son lesiones que tardan en sanar de 15 a 30 días y que no ponían en peligro mi vida”, contó.

Su vida estuvo en peligro por las lesiones. Estuvo ocho meses en el hospital.

“Iba de cirugía tras cirugía, las cicatrices llevan ya cinco años y las cicatrices... No son cicatrices pequeñas. Son muy grandes y aún no recupero la función total de mi cuerpo y no pueden ser lesiones dolosas”.

Recordó que durante cuatro años su carpeta de investigación estuvo perdida.

El año pasado, la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) tomó su caso y así avanzó un poco, pero a pesar de la intervención de la CNDH “hemos tenido negaciones y se han seguido violando mis derechos ante las autoridades del Estado de México”.

Hasta ahora, su agresor está libre. No se sabe nada de él. El delito que cometió no es considerado grave a pesar de que fue un intento de homicidio.

LA LUCHA

Saskia Niño de Rivera, directora de Reinserta, indicó que a raíz de este caso y de otras mujeres que han sido quemadas con ácido, se ha promovido una iniciativa de reforma al Código Penal para que se tipifique como delito grave, ya que “son muchas mujeres las que han sido atacadas con ácido por su pareja. Un poco metiéndonos a los casos, nos damos cuenta que hay una gran impunidad y lo grave que es el delito, estamos viendo la inacción del sistema de justicia penal”.

“El acido lo venden en 25 pesos en cualquier lugar. Les cambia la vida por siempre y el asunto es tipificarlo como un intento de homicidio y hacer una iniciativa que tenga una perspectiva de género.

Llamar la atención de que esto está pasando en nuestro país y que tiene que haber la preparación de las autoridades y la intervención necesaria, para que dentro de este tipo de agresiones el Seguro Popular pueda cubrir este tipo de lesiones”.

En tanto, Kenya López Rabadán, senadora por Acción Nacional (PAN), comentó a El Sol de México que se está trabajando en una iniciativa de ley para que se castiguen los casos como el de Carmen con agravantes. “Esperamos presentarla pronto y que sea acompañada por todos los grupos parlamentarios y que se pueda probar y encontrar un espacio de coincidencia y de todos los partidos para detener esto que es tan lamentable”, aseveró.

Carmen Sánchez: “Esa es mi lucha, apoyar a todas las mujeres que vivieron esa situación para que no quede esto impune.

Tengo el deseo de apoyar a todas las mujeres que vivieron esta situación porque no sólo es mi caso en México, y estos ataques con ácido se están convirtiendo en una constante”.

Carmen Sánchez huyó de su pareja tras ser violentada en diferentes ocasiones. Decidió divorciarse. Ya había padecido mucho, la vida con el padre de su hija era insoportable... al grado de que él ya la había “picado” en varias ocasiones en su cuerpo, todo por celos.

Abandonó su casa y se refugió con su madre. Carmen se sentía segura, tranquila.

Un día, su agresor la ubicó. Ingresó al domicilio en el Estado de México. La tomó por sorpresa. Discutieron en la habitación que su madre le había habilitado para que viviera con su hija.

Quince minutos después, la discusión se salió de control. “No voy a regresar contigo”, fue la frase que propició que su expareja sacara de entre sus ropas una botella y le arrojara ácido en la cara y cuerpo. El agresor huyó y ella quedó sola con su vida deformada por el ácido.

Los hechos ocurrieron en 2014 y hasta el día de hoy Carmen Sánchez pide justicia. Su expareja descarriló su vida con un líquido que en cualquier ferretería cuesta 25 pesos.

Son más de 50 cirugías a las que se ha sometido. El camino es doloroso, pero más tortuoso es el desdén de las autoridades.

Carmen dice que él llegó con engaños: “Primero me pidió que le diera oportunidad de estar conmigo y que iba a cambiar, después cuando le dije que ya no, me empezó a amenazar que le iba a pagar cada una de las cosas que él estaba viviendo en ese momento y que si no iba a estar con él, entonces ya con nadie”.

“Entonces cuando terminamos la discusión, se da la vuelta. Él acostumbraba a usar chamarras muy grandes, se da la vuelta y yo salgo atrás de él para corroborar que efectivamente ya se iba y cerrar.

En ese momento él voltea y me arroja el ácido que trae en una botella”, relató.

Carmen nunca se imaginó que traía una botella con ácido en su chamarra. “Me imaginaba todo, cuando me amenazaba.

Yo había recibido llamadas de amenaza de él y nunca me imagine eso. Me imaginé que posiblemente me podría volver a “picar” porque ya lo había hecho anteriormente, me había dado cuatro piquetes con un picahielo. Me imaginaba todo, pero jamás me imaginé que por su mente pasara él arrojarme ácido en la cara y deformar mi vida”.

LARGO CAMINO DE LA JUSTICIA

Luego de la lesión con ácido y el doloroso paso por el quirófano, la exigencia de justicia ha sido un largo camino para Carmen quien relata a Organización Editorial Mexicana (OEM) la travesía en el Ministerio Público de Amecameca.

“Desde el momento que llegué con el médico legista no me dio la atención correspondiente.

Él menciona en mi expediente que no necesito hospitalización y que son lesiones que tardan en sanar de 15 a 30 días y que no ponían en peligro mi vida”, contó.

Su vida estuvo en peligro por las lesiones. Estuvo ocho meses en el hospital.

“Iba de cirugía tras cirugía, las cicatrices llevan ya cinco años y las cicatrices... No son cicatrices pequeñas. Son muy grandes y aún no recupero la función total de mi cuerpo y no pueden ser lesiones dolosas”.

Recordó que durante cuatro años su carpeta de investigación estuvo perdida.

El año pasado, la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) tomó su caso y así avanzó un poco, pero a pesar de la intervención de la CNDH “hemos tenido negaciones y se han seguido violando mis derechos ante las autoridades del Estado de México”.

Hasta ahora, su agresor está libre. No se sabe nada de él. El delito que cometió no es considerado grave a pesar de que fue un intento de homicidio.

LA LUCHA

Saskia Niño de Rivera, directora de Reinserta, indicó que a raíz de este caso y de otras mujeres que han sido quemadas con ácido, se ha promovido una iniciativa de reforma al Código Penal para que se tipifique como delito grave, ya que “son muchas mujeres las que han sido atacadas con ácido por su pareja. Un poco metiéndonos a los casos, nos damos cuenta que hay una gran impunidad y lo grave que es el delito, estamos viendo la inacción del sistema de justicia penal”.

“El acido lo venden en 25 pesos en cualquier lugar. Les cambia la vida por siempre y el asunto es tipificarlo como un intento de homicidio y hacer una iniciativa que tenga una perspectiva de género.

Llamar la atención de que esto está pasando en nuestro país y que tiene que haber la preparación de las autoridades y la intervención necesaria, para que dentro de este tipo de agresiones el Seguro Popular pueda cubrir este tipo de lesiones”.

En tanto, Kenya López Rabadán, senadora por Acción Nacional (PAN), comentó a El Sol de México que se está trabajando en una iniciativa de ley para que se castiguen los casos como el de Carmen con agravantes. “Esperamos presentarla pronto y que sea acompañada por todos los grupos parlamentarios y que se pueda probar y encontrar un espacio de coincidencia y de todos los partidos para detener esto que es tan lamentable”, aseveró.

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