Se adueñan de la vía pública

Hacen de su hogar los parques y áreas verdes de Villahermosa ante la falta de centros para ser atendidos 

Jesús Manuel Domínguez | El Heraldo de Tabasco

  · domingo 23 de febrero de 2020

El DIF estatal se desentiende de la situación argumentando que no es de su competencia sacarlos de la calles; tampoco existen sitios para asistirlos. Foto: Carlos Pérez

Las risas de pequeñitos que jugaban con sus patinetas, bicicletas o carritos cambiaron a gestos de miedo y terror desde que indigentes se apoderaron de los parques en fraccionamientos y colonias de Villahermosa, convirtiéndolos en centros de vicio y desenfreno, donde cometen toda clase de delitos sin que autoridades municipales o estatales pongan un alto.

El DIF estatal se desentiende de la situación argumentando que no es de su competencia sacarlos de la calles, tampoco existen sitios especialmente planeados para concentrarlos y evitar que sigan ocasionando desmanes en detrimento de la buena convivencia familiar.

El Heraldo de Tabasco constató la presencia de decenas de personas en situación de calle, drogadas, alcoholizadas o con signos de enfermedades mentales, que habitan esos espacios e impiden que la ciudadanía los disfrute.

Jaime Ruiz Ortiz, delegado del fraccionamiento Los Ríos de la zona exclusiva y residencial de Tabasco 2000 denunció que en el parque del lugar se concentran hasta ocho indigentes que se drogan, ingieren alcohol, en incluso sostienen relaciones sexuales en las bancas a plena luz del día.

Son constantes protagonistas de hechos violentos una vez narcotizados e incluso hay uno que porta un cuchillo con el que se dedica a asaltar a transeúntes para poder comprar estupefacientes o simplemente agrede a los transeúntes por no acceder a darle un peso.

A decir de Ruiz Ortíz, los propios vecinos se han organizado para solicitar a las tiendas de conveniencia situadas en los alrededores que se abstengan de venderles el tradicional “Tonayán” buscando alejarlos del conjunto habitacional y con ello evitar sigan haciendo de las suyas.

Lo mismo ocurre en otros puntos de la ciudad, como en el “parquecito del IMSS” en 27 de Febrero y Sandino, La Pólvora en Paseo de la Sierra o la Plaza del Menor en la avenida Méndez, pero la situación es una constante en la mayoría de los 114 parques y 33 plazas urbanas de la ciudad y colonias populares como Gaviotas, Tierra Colorada o Tamulté de las Barrancas.

Los delegados municipales denuncian la presencia de los indigentes, las patrullas arriban cada vez que estas personas escandalizan, sin embargo los policías no quieren detenerlos y llevárselos porque no hay a dónde canalizarlos, pues ni el DIF u otras instituciones de beneficencia quieren hacerse cargo de ellos.

Ante esta situación los colonos pusieron tierra de por medio y desde hace muchos meses levantaros los pasos para no poner en riesgo su integridad física y la de sus familiares.

Se acabaron aquellas tardes en que los menores jugaban al cuidado de los padres, mientras jóvenes gustaban de leer un libro aprovechando el viento fresco y la sombra de los árboles.

En el parque “Ángel Mario Martínez” que se ubica entre las avenidas 27 de Febrero y Augusto César Sandino, justo frente a conocido restaurante de tacos, en diversas ocasiones los habitantes de la zona han reportado que estas personas bajo los influjos del alcohol insultan y asaltan; además acostumbran molestar a las jovencitas con palabras obscenas.

Y por si fuera poco, realizan sus necesidades fisiológicas en la vía pública dando una mala imagen a la capital del estado, pero tampoco hay alguna autoridad que pueda meter orden.

El malecón Carlos A. Madrazo cobija de igual forma a indigentes que incurren en las mismas prácticas. Hasta hace poco une mujer con estas características se bañaba y lavaba su ropa, desnuda, y tendía en la fuente erigida en honor de José María Pino Suárez.

La mendicidad es una fuerte problemática a la que se ha buscado dar el tratamiento requerido pero hasta ahora no se ha logrado. La coordinación de la Zona Luz en una ocasión levantó a todos los que habían invadido el parque Juárez y otros puntos del primer cuadro de la ciudad.

Se intentó ponerlos en manos del Hospital Psiquiátrico, pero fue en vano porque al no ser un asilo, sino una institución de Salud Mental, se les evalúa y estabiliza y eventualmente se les deja salir, además de que muchas veces no hay ningún familiar que responda por ellos.