/ miércoles 1 de abril de 2020

"Mientras pasa la emergencia..."

Y en un abrir y cerrar de ojos, la preocupación por el coronavirus pasó a un segundo plano; ahora preocupaba más, cuánto alcohol podían comprar

En el pasillo de la tienda de autoservicio flotaba un ambiente que pretendía ser festivo, pero que sin embargo, dadas las circunstancias, no lo podía ser tanto. Sólo habían pasado unos minutos desde que el gobernador Adán Augusto leyera a cuadro el segundo decreto emitido desde que se desató la emergencia, el cual fue compartido a través de las "benditas" (y redescubiertas) redes sociales.

En el video, el mandatario tabasqueño, con el rostro visiblemente hinchado, (aunque no se sabe si a causa del coronavirus que le fue diagnosticado), anuncia que se inaugura la Ley Seca, con lo que se prohíbe la venta de todo tipo de bebidas alcohólicas en los 17 municipios del Estado, "en tanto dura la emergencia sanitaria".

Con un semblante algo enfermizo, el mandatario anunció la Ley Seca. Foto: Cortesía

Tal vez por eso, entre las mayores preocupaciones de los ciudadanos que abarrotaron los centros comerciales para abastecerse de alcohol ante la contingencia, no parece encontrarse la cantidad de dinero que gastarán en bebidas, sino el tiempo que tardarán en agotarlas.

Aunado a ello, las restricciones de las tiendas no ayudan. Sólo cantidades limitadas por cliente. Las parejas se separan para llevar más. Un hombre ya ha ido al vehículo a dejar una carga y se ha formado dos veces. Por todo el pasillo se escuchan frases como; "por qué no lo dijeron desde antes, para no tener que venir de balazo, coño", y "a ese gobierno de la 4T se le ocurre cada cosa...".

Con la misma celeridad e histeria masiva con la que vaciaron los estantes de papel higiénico, primero, y los anaqueles de gel antibacterial, después, los clientes ahora se dedican, sistemáticamente, a agotar las existencias etílicas de la tienda.

Tanta es la prisa, que una botella resbala de las manos de uno, cae al suelo y se hace mil pedazos. Se oyen lamentos y un intento de rechifla del resto de los clientes más jóvenes, en un momento histórico en el que el alcohol y el agua son más preciados (y más caros) que la gasolina.

Cambiaron el papel higiénico por las botellas de licor. Foto: Ángel Vega

En un carrito, un hombre lleva varias charolas de cerveza Modelo. Otro más parece coleccionista de Buchanans; acumula varias cajas de Buchananas 12, un par de Másters y hasta un Red Seal; es un conocedor. Una joven mujer aparta su dotación de espumoso Strongbow, y un par de muchachos compran tanto Vodka Wyborowa blanco como para desinfectarles las manos de Covid-19 a todos los clientes de la tienda.

Las filas para pagar en el área de caja son enormes. En ellas no se respeta a doña Susana Distancia, por más que la chica del audio ambiental se esfuerce en dar las indicaciones. Todo mundo está más preocupado por salvar la cuarentena con un poco de elixir milagroso, con su respectiva dosis de anestesia.

¿Y el virus?

El virus es otra historia.

En el pasillo de la tienda de autoservicio flotaba un ambiente que pretendía ser festivo, pero que sin embargo, dadas las circunstancias, no lo podía ser tanto. Sólo habían pasado unos minutos desde que el gobernador Adán Augusto leyera a cuadro el segundo decreto emitido desde que se desató la emergencia, el cual fue compartido a través de las "benditas" (y redescubiertas) redes sociales.

En el video, el mandatario tabasqueño, con el rostro visiblemente hinchado, (aunque no se sabe si a causa del coronavirus que le fue diagnosticado), anuncia que se inaugura la Ley Seca, con lo que se prohíbe la venta de todo tipo de bebidas alcohólicas en los 17 municipios del Estado, "en tanto dura la emergencia sanitaria".

Con un semblante algo enfermizo, el mandatario anunció la Ley Seca. Foto: Cortesía

Tal vez por eso, entre las mayores preocupaciones de los ciudadanos que abarrotaron los centros comerciales para abastecerse de alcohol ante la contingencia, no parece encontrarse la cantidad de dinero que gastarán en bebidas, sino el tiempo que tardarán en agotarlas.

Aunado a ello, las restricciones de las tiendas no ayudan. Sólo cantidades limitadas por cliente. Las parejas se separan para llevar más. Un hombre ya ha ido al vehículo a dejar una carga y se ha formado dos veces. Por todo el pasillo se escuchan frases como; "por qué no lo dijeron desde antes, para no tener que venir de balazo, coño", y "a ese gobierno de la 4T se le ocurre cada cosa...".

Con la misma celeridad e histeria masiva con la que vaciaron los estantes de papel higiénico, primero, y los anaqueles de gel antibacterial, después, los clientes ahora se dedican, sistemáticamente, a agotar las existencias etílicas de la tienda.

Tanta es la prisa, que una botella resbala de las manos de uno, cae al suelo y se hace mil pedazos. Se oyen lamentos y un intento de rechifla del resto de los clientes más jóvenes, en un momento histórico en el que el alcohol y el agua son más preciados (y más caros) que la gasolina.

Cambiaron el papel higiénico por las botellas de licor. Foto: Ángel Vega

En un carrito, un hombre lleva varias charolas de cerveza Modelo. Otro más parece coleccionista de Buchanans; acumula varias cajas de Buchananas 12, un par de Másters y hasta un Red Seal; es un conocedor. Una joven mujer aparta su dotación de espumoso Strongbow, y un par de muchachos compran tanto Vodka Wyborowa blanco como para desinfectarles las manos de Covid-19 a todos los clientes de la tienda.

Las filas para pagar en el área de caja son enormes. En ellas no se respeta a doña Susana Distancia, por más que la chica del audio ambiental se esfuerce en dar las indicaciones. Todo mundo está más preocupado por salvar la cuarentena con un poco de elixir milagroso, con su respectiva dosis de anestesia.

¿Y el virus?

El virus es otra historia.