/ viernes 7 de agosto de 2020

CRÓNICA: Confesiones de las Drag Queen de Villahermosa

Ésta es una historia sobre tabúes familiares y discriminación social, pero también es una historia sobre la locura, el espectáculo, y sobre la catártica rebeldía de los que se atreven

La presente, es una historia sobre tabúes familiares y discriminación social. Pero, por encima de eso, y estereotipos aparte, también es una historia sobre la locura, el espectáculo, la identidad, y sobre la catártica rebeldía de los que se atreven a todo.

Como es de esperarse, está abocetada con lápiz labial y rímel sobre piel joven y trémula. La escriben día a día —y sobre todo noche a noche, hasta antes de la pandemia— personas de carne y hueso que van por la calle a trabajar o al súper; hombres de distintas edades que, mediante un ritual de cosmética brujería, se transforman en mujeres gracias al influjo de la Luna: las Dragas.

De fondo, también es una historia de cómo este arte —o esta tendencia, según el cristal con que se mire—, se ha ido popularizando en el sureste mexicano, exigiendo su lugar en la hasta hace poco tiempo muy recatada vida nocturna villahermosina.

Para adentrarnos en la parafernalia de esta contracultura, contactamos a uno de sus más populares exponentes locales; Ángel 'N', empleado de intendencia en el sistema de Salud de Tabasco, plaza que heredó de su mamá. Mejor conocido en la comunidad de los maquillistas influencers, los beauty vloggers y sobre todo en el mundo Drag Queen como "La Tía Scarlett".

Mediante una llamada, unos días antes acordamos la entrevista y el shooting; estarán presentes, también como entrevistados, dos amigos de Ángel; Enrique y Rafael; este último, su joven pareja.

El día de la cita, la ya interminable cuarentena tabasqueña nos impone sus rituales antisépticos. En la entrada del sitio, enclavado en algún lugar de la avenida Paseo Usumacinta, me espera Ángel. Pese a que está nublado el calor aprieta, él está ad hoc: viste unas bermudas de marca, una camisa formal, sandalias y lentes de sol.

Una vez dentro, frente a un enorme póster de Marylin Monroe, se pone a rociarme Lysol y otros menjunjes en la ropa, el cabello y los zapatos, sin olvidar dispensarme el consabido gel antibacterial para las manos.

A Ángel lo acompaña su amigo y además jefe, con quien trabaja en los espectáculos nocturnos. El resto de los invitados al contertulio no ha llegado aún. Tal vez sea porque vienen de lejos.

Entonces, sin más, la entrevista comienza sola, sin que nadie le haya dado permiso de arrancar.

¿Qué es ser una Drag? le pregunto. Y agrego, para ser más específico: quiero tú definición, no la de wikipedia. Quiero saber qué es ser una Draga para ti, para Ángel.

Me mira de reojo. Luego, vuelve a buscar su propia imagen, más allá, en el fondo del espejo luminoso. Espejos y disfraces, todo se tratará de reflejos y máscaras, esta tarde.

"¿Puedo contestarte mientras me maquillo?", solicita el trémulo esbozo de la Scarlett que ya lucha por salírsele del pecho. Mientras lo dice, arquea la ceja aristocráticamente, en un lance de coquetería espontánea que muchas mujeres biológicas ya quisieran para presumir.

"Ser Draga es llevarle la contraria al mundo. Es criticarlo todo a través de un personaje. En este sentido, una draga es un ser rebelde, que usa la comedia, la caracterización y la exageración para divertirse y divertir. Para caricaturizar a la sociedad con todos sus vicios y problemas. Para ser feliz, para cantar, para bailar", dice.

El resto de los invitados llega con retraso: primero entra Enrique, y al final, Rafael: un par de chavos como cualquier otro. Pero aquí, en este espacio, ellos también se convertirán en Dragas: la personificación exacerbada de la Mujer. A veces cómica, otras, intimidante. Pero únicas, todas.

Cada Draga tiene su historia. Y su rango, o jerarquía dentro del "ambiente" al que llaman "la familia". Están las Dragas madres y las Dragas hijas, por ejemplo. En el caso de Ángel y Rafael, son amigos y son pareja, pero Ángel, además, es la madre Draga de Rafael. A él lo dio a luz entre consejos de belleza, capas de base y sombras, hospitalidad y mucho amor.

¿En qué piensa una Draga cuando se maquilla? Lanzo la pregunta mientras todos se ponen cómodos, lo cual no es difícil, porque el sitio que hace las veces de madriguera o de cubil, está climatizado, bien iluminado, discreto y tiene su propio baño.

2

No me mires, no me mires, déjalo ya / Que hoy no me he puesto el maquillaje (Hey, hey, hey) / Y mí aspecto externo es demasiado vulgar / Para que te pueda gustar...

El maquillaje construye un personaje capa a capa. Para "entrar en personaje", estos actores liminales no tienen más que sumergirse en su complejo mundo interior. La liminalidad (palabra del latín limes, "límite" o "frontera") se refiere a no estar ni en un sitio, físico o emocional, ni en otro. Es estar en un umbral. Un umbral entre la actuación y la vida, entre el drama nocturno y el teatro de vodevile, entre el cabaret y el performance. Como ellas.

Hablamos de Divine, de Lady Gaga, Conchita Wurst, Ru Paul, y hasta de los Kiss, y surge el debate sobre quién es Draga y quién no. Ángel, que no ha dejado de ser él pero comienza a ser Scarlett, ofrece su definición, que más bien semeja una leyenda, un cuento de las Mil y Una Noches en versión LGBT. Aunque es claro al señalar que para "ser Draga no es necesario ser gay".

"Es un asunto de actuación, de trabajo actoral. Viene desde la época de Shakespeare, cuando no se les permitía a las mujeres pisar un escenario, y entonces los hombres se tenían que vestir de mujeres. Ahí nace el Drag como tal. El Drag está muy difundido en la cultura popular, sólo que la gente no se da cuenta y lo sataniza. Hasta en la televisión comercial vemos spots o rutinas de Drags. Como Eugenio Derbez disfrazado de Blanca Nieves, cuando salía con sus chichis y disfrazado de mujer... ¿Ves? Eso que él hace, es Drag. O por ejemplo, Darío T. Pie, el actor que hace el Drag de La Roña, que es una caricaturización de María Félix".

Scarlett es pulcra y hasta un tanto obsesiva. Se maquilla con la meticulosidad de un cirujano, y entre la aplicación de bases y sombras, confiesa una historia que más tarde revelará algo parecido a un patrón: viene de un rompimiento familiar y de un distanciamiento irreconciliable con la figura paterna. Cuando termina de detallar el maquillaje, inicia el cambio de cuerpo.

Como en las maletas de los magos y de los ventrílocuos, que son otras formas de impostura, los artilugios prostéticos que finalizarán su transformación vienen en un veliz de viaje color rojo, del que van saliendo retazos de hule espuma cuidadosamente cortados y rotulados. Uno por uno, los rellenos que habrán de conformar la anatomía de su personaje —los muslos, las chaparreras, las pantorrillas, las nalgas— comienzan a ser dispuestos sobre la alfombra. Porque poseen una lógica, un orden, tienen una cierta manera específica de colocarse y hasta un lado correcto: derecho o izquierdo, según sea el caso.

"Yo tomé de modelo a la típica mujer tabasqueña, porque Scarlett es tabasqueña y orgullosa de sus raíces olmecas", dice mientras se prepara para zambutirse entre hojas de plástico.

"Parece increíble, pero si en la realidad no sabes interactuar con la gente, ya cuando te transformas, te vuelves una fiera: sobre el escenario dominas al público, lo cautivas, lo mantienes expectante. Lo entretienes, ya que en el show, por lo general cantas o bailas, o ambos, además de hacer esketches..."

El proceso de personificación no se queda en la mera apariencia, ¿verdad?

"Es muy variado. Cambia entre personajes. Tenemos personalidades muy distintas, muy individuales. Cada una en su género. Hay desde las Dragas metaleras, las darks, la que es literalmente un clown, o sea un payaso, la que parece una señora; está la que es muy cómica, la que es tímida, la desmadrosa..."

Admite que no son miembros de la primer generación de Dragas de Villahermosa. Ya habían otros antes, pero no eran muchos porque a ellos todavía les tocó la época de la censura, del qué dirán pueblerino. Con todo, hoy no rebasan la veintena.

"Cuando nos comemos unas a otras en las páginas de Facebook nos vamos dando cuenta, por los comentarios, que hay muchas Dragas de clóset. "Mira, aquí hay otra", les digo a ellas cada vez que identifico a alguna. Enrique y Rafael ríen sin dejar de maquillarse frente al espejo.

Sombra aquí, sombra allá / Maquíllate, maquíllate / Un espejo de cristal / Y mírate y mírate

3

Enrique 'N', originario de Tamulté, se convierte en Angelique. Aunque en realidad, no se convierte, sino que sólo "la deja fluir", aclara.

Su habilidad con el maquillaje le vale un elogio de Sandra, mi acompañante femenina, quien además es actriz y se interesa sobre cuestiones escénicas de naturaleza tan técnica como la construcción del carácter y la entrada y salida de personaje. En tanto, Angelique, sereno y con grácil mano, aplica las distintas capas de bases; difumina, delinea, afila rasgos, cambia la forma de las cejas, resalta los ojos.

Es su turno de hablar. Entre devaneos de brocha y pincel, surgen el padre duro e incomprensivo, de profesión militar; la madre y las hermanas buena onda que llegan a convertirse en cómplices; el repudio hipócrita de una sociedad tradicional que se atreve a ser juez y parte. Su padre jamás lo aceptó. Revela que sus hermanas le compartían el maquillaje, lo asesoraban en sus exploraciones, lo cubrían para que se descubriera.

"En esto del Drag me encontré a mí mismo. Y me descubrí porque encontré el maquillaje, y no quise crear un personaje, sino quise ser simplemente yo... empoderar todo lo que me habían dicho que no podía ser, convirtiéndome en una mujer de pies a cabeza. Mi referencia siempre fue mi mamá. Siempre ha sido una mujer fuerte, que ha logrado lo que ella ha querido. Entonces yo pensé: ¿Por qué no puedo ser yo mismo así, si es lo que me ha inculcado? Me decía: ¿Por qué no puedes usar falda, por qué no puedes pintarte, por qué no puedes usar esmalte? Todo eso era tabú en mi casa. Entonces decidí ser yo mismo, pero elevado a otro plano; lograr, mediante el arte del Drag, la expresión más acabada de mí mismo".

"A diferencia de ellos, yo me convierto en Drag para poder ser el yo que quiero ser, mientras que ellos dejan de ser ellos para poder ser lo que quieren ser: un personaje".

4

Mira ahora, mira ahora, puedes mirar / Que ya me he puesto el maquillaje (Hey, hey, hey)

Y si ves mi imagen te vas a alucinar / Y me vas a querer besar, ah, ah, ah

Habla Rafel 'N', mejor conocido como "Venus":

"En mi caso yo no tuve ni amigos gays ni parientes gays ni nada. Soy el clásico Millennial y todo lo que es la comunidad gay, LGBT y demás, lo aprendí en Internet. Fui conociendo todo poco a poco. Un amigo me presentó el programa RuPaul´s Drag Race y ahí dije: Wow. Pero no es lo mismo ser travesti que ser Drag Queen. Me fascinó todo lo que hacían. Cómo podían ser tan diferentes unos de otros. Cómo algunos cantaban tan bien, otros podían hacer grandes coreografías. Y yo dije: me gusta.

"Pero ahora sí que en mi cuartito, encerradito, allá en Teapa, sin que nadie sepa. Un día, me compré mi primera peluca. De ahí fui maquillándome, haciendo mis envivos en Facebook. Ahí conocí a Ángel, a Scarlett. La empecé a seguir y me dije un día... ¿Por qué no hacerlo yo? Mis amigos me empezaron a ver maquillado, y decían: súper, ¡te quedó bonito! Todo eso fue pasando, hasta que empecé a conocer más el ambiente. Pero yo lo hacía simplemente porque me gustaba, no porque yo quisiera salir a la calle así o conocer a gente de este mismo arte, porque yo lo considero un arte. Hasta que me vine a vivir a Villahermosa.

"Aquí me di cuenta de que esto me gustaba lo suficiente como para convertirlo en una profesión. Me ha costado mucho construir mi personaje. Buscar esa actitud diferente. ¿Quién es Rafael? ¿Quién es Venus? Como Rafael, soy tímido; como Venus soy más abierto. Ahorita, por ejemplo, siento que me voy liberando. Me voy soltando esas capas que tenemos, como decía Angelique, siento que me empodera esto y sí, me siento otra persona.

"De niño, me quedo por ahí sentadito; de niña, ando por ahí bailando y soltándome el pelo. Siento que he crecido junto con mi personaje. Yo me salí de la uni el año pasado. Tuve problemas con mi familia, estaba entrando en depresión muy fea y entonces me quedé viviendo con Ángel. Él me dijo: vente para acá, yo te doy amor. Por eso él es mi mamá en el Drag, lo mismo que su mamá Paulette. Realmente me adoptaron y me van enseñando poco a poco..."

Una vez terminado el maquillaje, dispuestos los prostéticos, viene el ritual del vestuario y las pelucas. En este caso, se trata de un acto más lúdico en el que las tres Dragas se ayudan, se intercambian elogios o críticas, se miran en el espejo por turnos o se amontonan para caber en la foto, justo como lo hacen antes de una presentación, confiesan.

Sin embargo, por esta ocasión, luego de la transformación tras bambalinas, no habrá subida al escenario, porque el Covid-19 tiene prácticamente acaparados los reflectores de todo el mundo.

"Nuestro ambiente natural es la noche", dice la Tía Scarlett, para cerrar la entrevista. "Pero con la pandemia, todo se fue al demonio. Nos han robado la noche", acusa en un tono que no cuaja como broma, pero que tampoco alcanza a ser una simple queja.

La presente, es una historia sobre tabúes familiares y discriminación social. Pero, por encima de eso, y estereotipos aparte, también es una historia sobre la locura, el espectáculo, la identidad, y sobre la catártica rebeldía de los que se atreven a todo.

Como es de esperarse, está abocetada con lápiz labial y rímel sobre piel joven y trémula. La escriben día a día —y sobre todo noche a noche, hasta antes de la pandemia— personas de carne y hueso que van por la calle a trabajar o al súper; hombres de distintas edades que, mediante un ritual de cosmética brujería, se transforman en mujeres gracias al influjo de la Luna: las Dragas.

De fondo, también es una historia de cómo este arte —o esta tendencia, según el cristal con que se mire—, se ha ido popularizando en el sureste mexicano, exigiendo su lugar en la hasta hace poco tiempo muy recatada vida nocturna villahermosina.

Para adentrarnos en la parafernalia de esta contracultura, contactamos a uno de sus más populares exponentes locales; Ángel 'N', empleado de intendencia en el sistema de Salud de Tabasco, plaza que heredó de su mamá. Mejor conocido en la comunidad de los maquillistas influencers, los beauty vloggers y sobre todo en el mundo Drag Queen como "La Tía Scarlett".

Mediante una llamada, unos días antes acordamos la entrevista y el shooting; estarán presentes, también como entrevistados, dos amigos de Ángel; Enrique y Rafael; este último, su joven pareja.

El día de la cita, la ya interminable cuarentena tabasqueña nos impone sus rituales antisépticos. En la entrada del sitio, enclavado en algún lugar de la avenida Paseo Usumacinta, me espera Ángel. Pese a que está nublado el calor aprieta, él está ad hoc: viste unas bermudas de marca, una camisa formal, sandalias y lentes de sol.

Una vez dentro, frente a un enorme póster de Marylin Monroe, se pone a rociarme Lysol y otros menjunjes en la ropa, el cabello y los zapatos, sin olvidar dispensarme el consabido gel antibacterial para las manos.

A Ángel lo acompaña su amigo y además jefe, con quien trabaja en los espectáculos nocturnos. El resto de los invitados al contertulio no ha llegado aún. Tal vez sea porque vienen de lejos.

Entonces, sin más, la entrevista comienza sola, sin que nadie le haya dado permiso de arrancar.

¿Qué es ser una Drag? le pregunto. Y agrego, para ser más específico: quiero tú definición, no la de wikipedia. Quiero saber qué es ser una Draga para ti, para Ángel.

Me mira de reojo. Luego, vuelve a buscar su propia imagen, más allá, en el fondo del espejo luminoso. Espejos y disfraces, todo se tratará de reflejos y máscaras, esta tarde.

"¿Puedo contestarte mientras me maquillo?", solicita el trémulo esbozo de la Scarlett que ya lucha por salírsele del pecho. Mientras lo dice, arquea la ceja aristocráticamente, en un lance de coquetería espontánea que muchas mujeres biológicas ya quisieran para presumir.

"Ser Draga es llevarle la contraria al mundo. Es criticarlo todo a través de un personaje. En este sentido, una draga es un ser rebelde, que usa la comedia, la caracterización y la exageración para divertirse y divertir. Para caricaturizar a la sociedad con todos sus vicios y problemas. Para ser feliz, para cantar, para bailar", dice.

El resto de los invitados llega con retraso: primero entra Enrique, y al final, Rafael: un par de chavos como cualquier otro. Pero aquí, en este espacio, ellos también se convertirán en Dragas: la personificación exacerbada de la Mujer. A veces cómica, otras, intimidante. Pero únicas, todas.

Cada Draga tiene su historia. Y su rango, o jerarquía dentro del "ambiente" al que llaman "la familia". Están las Dragas madres y las Dragas hijas, por ejemplo. En el caso de Ángel y Rafael, son amigos y son pareja, pero Ángel, además, es la madre Draga de Rafael. A él lo dio a luz entre consejos de belleza, capas de base y sombras, hospitalidad y mucho amor.

¿En qué piensa una Draga cuando se maquilla? Lanzo la pregunta mientras todos se ponen cómodos, lo cual no es difícil, porque el sitio que hace las veces de madriguera o de cubil, está climatizado, bien iluminado, discreto y tiene su propio baño.

2

No me mires, no me mires, déjalo ya / Que hoy no me he puesto el maquillaje (Hey, hey, hey) / Y mí aspecto externo es demasiado vulgar / Para que te pueda gustar...

El maquillaje construye un personaje capa a capa. Para "entrar en personaje", estos actores liminales no tienen más que sumergirse en su complejo mundo interior. La liminalidad (palabra del latín limes, "límite" o "frontera") se refiere a no estar ni en un sitio, físico o emocional, ni en otro. Es estar en un umbral. Un umbral entre la actuación y la vida, entre el drama nocturno y el teatro de vodevile, entre el cabaret y el performance. Como ellas.

Hablamos de Divine, de Lady Gaga, Conchita Wurst, Ru Paul, y hasta de los Kiss, y surge el debate sobre quién es Draga y quién no. Ángel, que no ha dejado de ser él pero comienza a ser Scarlett, ofrece su definición, que más bien semeja una leyenda, un cuento de las Mil y Una Noches en versión LGBT. Aunque es claro al señalar que para "ser Draga no es necesario ser gay".

"Es un asunto de actuación, de trabajo actoral. Viene desde la época de Shakespeare, cuando no se les permitía a las mujeres pisar un escenario, y entonces los hombres se tenían que vestir de mujeres. Ahí nace el Drag como tal. El Drag está muy difundido en la cultura popular, sólo que la gente no se da cuenta y lo sataniza. Hasta en la televisión comercial vemos spots o rutinas de Drags. Como Eugenio Derbez disfrazado de Blanca Nieves, cuando salía con sus chichis y disfrazado de mujer... ¿Ves? Eso que él hace, es Drag. O por ejemplo, Darío T. Pie, el actor que hace el Drag de La Roña, que es una caricaturización de María Félix".

Scarlett es pulcra y hasta un tanto obsesiva. Se maquilla con la meticulosidad de un cirujano, y entre la aplicación de bases y sombras, confiesa una historia que más tarde revelará algo parecido a un patrón: viene de un rompimiento familiar y de un distanciamiento irreconciliable con la figura paterna. Cuando termina de detallar el maquillaje, inicia el cambio de cuerpo.

Como en las maletas de los magos y de los ventrílocuos, que son otras formas de impostura, los artilugios prostéticos que finalizarán su transformación vienen en un veliz de viaje color rojo, del que van saliendo retazos de hule espuma cuidadosamente cortados y rotulados. Uno por uno, los rellenos que habrán de conformar la anatomía de su personaje —los muslos, las chaparreras, las pantorrillas, las nalgas— comienzan a ser dispuestos sobre la alfombra. Porque poseen una lógica, un orden, tienen una cierta manera específica de colocarse y hasta un lado correcto: derecho o izquierdo, según sea el caso.

"Yo tomé de modelo a la típica mujer tabasqueña, porque Scarlett es tabasqueña y orgullosa de sus raíces olmecas", dice mientras se prepara para zambutirse entre hojas de plástico.

"Parece increíble, pero si en la realidad no sabes interactuar con la gente, ya cuando te transformas, te vuelves una fiera: sobre el escenario dominas al público, lo cautivas, lo mantienes expectante. Lo entretienes, ya que en el show, por lo general cantas o bailas, o ambos, además de hacer esketches..."

El proceso de personificación no se queda en la mera apariencia, ¿verdad?

"Es muy variado. Cambia entre personajes. Tenemos personalidades muy distintas, muy individuales. Cada una en su género. Hay desde las Dragas metaleras, las darks, la que es literalmente un clown, o sea un payaso, la que parece una señora; está la que es muy cómica, la que es tímida, la desmadrosa..."

Admite que no son miembros de la primer generación de Dragas de Villahermosa. Ya habían otros antes, pero no eran muchos porque a ellos todavía les tocó la época de la censura, del qué dirán pueblerino. Con todo, hoy no rebasan la veintena.

"Cuando nos comemos unas a otras en las páginas de Facebook nos vamos dando cuenta, por los comentarios, que hay muchas Dragas de clóset. "Mira, aquí hay otra", les digo a ellas cada vez que identifico a alguna. Enrique y Rafael ríen sin dejar de maquillarse frente al espejo.

Sombra aquí, sombra allá / Maquíllate, maquíllate / Un espejo de cristal / Y mírate y mírate

3

Enrique 'N', originario de Tamulté, se convierte en Angelique. Aunque en realidad, no se convierte, sino que sólo "la deja fluir", aclara.

Su habilidad con el maquillaje le vale un elogio de Sandra, mi acompañante femenina, quien además es actriz y se interesa sobre cuestiones escénicas de naturaleza tan técnica como la construcción del carácter y la entrada y salida de personaje. En tanto, Angelique, sereno y con grácil mano, aplica las distintas capas de bases; difumina, delinea, afila rasgos, cambia la forma de las cejas, resalta los ojos.

Es su turno de hablar. Entre devaneos de brocha y pincel, surgen el padre duro e incomprensivo, de profesión militar; la madre y las hermanas buena onda que llegan a convertirse en cómplices; el repudio hipócrita de una sociedad tradicional que se atreve a ser juez y parte. Su padre jamás lo aceptó. Revela que sus hermanas le compartían el maquillaje, lo asesoraban en sus exploraciones, lo cubrían para que se descubriera.

"En esto del Drag me encontré a mí mismo. Y me descubrí porque encontré el maquillaje, y no quise crear un personaje, sino quise ser simplemente yo... empoderar todo lo que me habían dicho que no podía ser, convirtiéndome en una mujer de pies a cabeza. Mi referencia siempre fue mi mamá. Siempre ha sido una mujer fuerte, que ha logrado lo que ella ha querido. Entonces yo pensé: ¿Por qué no puedo ser yo mismo así, si es lo que me ha inculcado? Me decía: ¿Por qué no puedes usar falda, por qué no puedes pintarte, por qué no puedes usar esmalte? Todo eso era tabú en mi casa. Entonces decidí ser yo mismo, pero elevado a otro plano; lograr, mediante el arte del Drag, la expresión más acabada de mí mismo".

"A diferencia de ellos, yo me convierto en Drag para poder ser el yo que quiero ser, mientras que ellos dejan de ser ellos para poder ser lo que quieren ser: un personaje".

4

Mira ahora, mira ahora, puedes mirar / Que ya me he puesto el maquillaje (Hey, hey, hey)

Y si ves mi imagen te vas a alucinar / Y me vas a querer besar, ah, ah, ah

Habla Rafel 'N', mejor conocido como "Venus":

"En mi caso yo no tuve ni amigos gays ni parientes gays ni nada. Soy el clásico Millennial y todo lo que es la comunidad gay, LGBT y demás, lo aprendí en Internet. Fui conociendo todo poco a poco. Un amigo me presentó el programa RuPaul´s Drag Race y ahí dije: Wow. Pero no es lo mismo ser travesti que ser Drag Queen. Me fascinó todo lo que hacían. Cómo podían ser tan diferentes unos de otros. Cómo algunos cantaban tan bien, otros podían hacer grandes coreografías. Y yo dije: me gusta.

"Pero ahora sí que en mi cuartito, encerradito, allá en Teapa, sin que nadie sepa. Un día, me compré mi primera peluca. De ahí fui maquillándome, haciendo mis envivos en Facebook. Ahí conocí a Ángel, a Scarlett. La empecé a seguir y me dije un día... ¿Por qué no hacerlo yo? Mis amigos me empezaron a ver maquillado, y decían: súper, ¡te quedó bonito! Todo eso fue pasando, hasta que empecé a conocer más el ambiente. Pero yo lo hacía simplemente porque me gustaba, no porque yo quisiera salir a la calle así o conocer a gente de este mismo arte, porque yo lo considero un arte. Hasta que me vine a vivir a Villahermosa.

"Aquí me di cuenta de que esto me gustaba lo suficiente como para convertirlo en una profesión. Me ha costado mucho construir mi personaje. Buscar esa actitud diferente. ¿Quién es Rafael? ¿Quién es Venus? Como Rafael, soy tímido; como Venus soy más abierto. Ahorita, por ejemplo, siento que me voy liberando. Me voy soltando esas capas que tenemos, como decía Angelique, siento que me empodera esto y sí, me siento otra persona.

"De niño, me quedo por ahí sentadito; de niña, ando por ahí bailando y soltándome el pelo. Siento que he crecido junto con mi personaje. Yo me salí de la uni el año pasado. Tuve problemas con mi familia, estaba entrando en depresión muy fea y entonces me quedé viviendo con Ángel. Él me dijo: vente para acá, yo te doy amor. Por eso él es mi mamá en el Drag, lo mismo que su mamá Paulette. Realmente me adoptaron y me van enseñando poco a poco..."

Una vez terminado el maquillaje, dispuestos los prostéticos, viene el ritual del vestuario y las pelucas. En este caso, se trata de un acto más lúdico en el que las tres Dragas se ayudan, se intercambian elogios o críticas, se miran en el espejo por turnos o se amontonan para caber en la foto, justo como lo hacen antes de una presentación, confiesan.

Sin embargo, por esta ocasión, luego de la transformación tras bambalinas, no habrá subida al escenario, porque el Covid-19 tiene prácticamente acaparados los reflectores de todo el mundo.

"Nuestro ambiente natural es la noche", dice la Tía Scarlett, para cerrar la entrevista. "Pero con la pandemia, todo se fue al demonio. Nos han robado la noche", acusa en un tono que no cuaja como broma, pero que tampoco alcanza a ser una simple queja.

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