/ viernes 9 de octubre de 2020

Relato: "Se me apareció una larva con cara de hombre"

Yoosa, una de nuestras lectoras, nos comenta que se hospedó junto a su esposo en una privada allá en Mérida, Yucatán. Ya cuando estaban durmiendo sintió un dolor en los pies que la despertó y vio a un ser sin forma, espinas y rostro humano

La aterradora historia que nos compartió nuestra lectora Yoosa se desarrolló en la ciudad de Mérida, Yucatán, en una privada de la hacienda Petcanche; eran en total 12 casas de pura “gente bien”. Se dice que en el lugar se esclavizó a la gente para el cultivo del henequén. Muchos fueron asesinados y quemados en el mismo lugar.

Nosotros vivimos en esa casa por dos años. Siempre llegaba un gato negro y se metía a nuestro cuarto, que estaba en la segunda planta y se ponía a maullar horrible, y saltaba por el ventanal del piso a techo que dejábamos abierto y daba frente a un gran árbol

“Una noche, durmiendo junto con mi esposo en la cama sentí mucho dolor en los pies, y el dolor hizo que me despertara. Cuando me senté en mi cama vi una larva grande, como de metro y medio, que se retorcía en mis pies.

“Grité fuerte de miedo, y esa larva se levantó frente a mí, y volteó su cara; parecía el rostro de un hombre quemado, y en su espalda tenía muchas espinas que le llegaban hasta abajo. No tenía piernas ni brazos. Era como una gran larva quemada con rostro y espinas detrás.

“Mi esposo del grito se despertó, y en ese instante esa larva levitó hacia el vestidor que se encontraba junto al baño. Yo tenía mucho miedo, y trataba de decirle a mi esposo lo que había. La larva desde el vestidor se inclinaba a vernos, por la orilla de la pared.

“Mi esposo no sabía lo que estaba pasando, y aprovechó para ir al baño. Al momento que lo cerró y quedé sola de nuevo, la larva se aventó otra vez a mis pies, y comenzó a retorcerse.

“Yo trataba de esconder mis piernas y mis pies recogiéndolos, y más se acercaba a mí, cómo si se estuviera quemando, y cuando se giraba, me clavaba las espinas en los pies.

Mi esposo abrió la puerta del baño y la larva se aventó por la ventana del cuarto, hacia donde está el jardín, que anteriormente era el área de cultivo del henequén.

“Cuando le conté a mi esposo lo que ocurrió, finalmente sólo me consoló y me tranquilizó, ya que él nunca vio a la larva. Sólo me escuchó gritar, y cuando él despertó, la larva se escondía en la habitación de vestir.

“Al siguiente día tenía las plantas de los pies hinchadas, cómo si hubiera caminado mucho, y decidimos no volver a dormir en ese cuarto. Era una casa muy grande.

Y el gato nunca más apareció de nuevo.

Pero ese suceso me traumó un buen de tiempo. Ya no quería estar sola en esa casa y menos bajar al sótano. Nunca en dos años bajé al sótano. Su puerta la cerramos con tarima.

“Los vecinos también escuchaban cosas, como si llevarán jalando carros en rieles, Y antes así transportaban el henequén. Eran unas carros de metal con madera tipo como carros mineros, en donde llenaban de la planta donde sacan el henequén, y la subían a los rieles, y las jalaban con mulas, hacia las bodegas y maquilas de la hacienda.

“Hay hasta películas sobre los que vivieron los mayas en las haciendas como los africanos esclavizados. Cabe mencionar que las vías ya no están en uso, sólo es para que vean los visitantes cómo estaba”.

La aterradora historia que nos compartió nuestra lectora Yoosa se desarrolló en la ciudad de Mérida, Yucatán, en una privada de la hacienda Petcanche; eran en total 12 casas de pura “gente bien”. Se dice que en el lugar se esclavizó a la gente para el cultivo del henequén. Muchos fueron asesinados y quemados en el mismo lugar.

Nosotros vivimos en esa casa por dos años. Siempre llegaba un gato negro y se metía a nuestro cuarto, que estaba en la segunda planta y se ponía a maullar horrible, y saltaba por el ventanal del piso a techo que dejábamos abierto y daba frente a un gran árbol

“Una noche, durmiendo junto con mi esposo en la cama sentí mucho dolor en los pies, y el dolor hizo que me despertara. Cuando me senté en mi cama vi una larva grande, como de metro y medio, que se retorcía en mis pies.

“Grité fuerte de miedo, y esa larva se levantó frente a mí, y volteó su cara; parecía el rostro de un hombre quemado, y en su espalda tenía muchas espinas que le llegaban hasta abajo. No tenía piernas ni brazos. Era como una gran larva quemada con rostro y espinas detrás.

“Mi esposo del grito se despertó, y en ese instante esa larva levitó hacia el vestidor que se encontraba junto al baño. Yo tenía mucho miedo, y trataba de decirle a mi esposo lo que había. La larva desde el vestidor se inclinaba a vernos, por la orilla de la pared.

“Mi esposo no sabía lo que estaba pasando, y aprovechó para ir al baño. Al momento que lo cerró y quedé sola de nuevo, la larva se aventó otra vez a mis pies, y comenzó a retorcerse.

“Yo trataba de esconder mis piernas y mis pies recogiéndolos, y más se acercaba a mí, cómo si se estuviera quemando, y cuando se giraba, me clavaba las espinas en los pies.

Mi esposo abrió la puerta del baño y la larva se aventó por la ventana del cuarto, hacia donde está el jardín, que anteriormente era el área de cultivo del henequén.

“Cuando le conté a mi esposo lo que ocurrió, finalmente sólo me consoló y me tranquilizó, ya que él nunca vio a la larva. Sólo me escuchó gritar, y cuando él despertó, la larva se escondía en la habitación de vestir.

“Al siguiente día tenía las plantas de los pies hinchadas, cómo si hubiera caminado mucho, y decidimos no volver a dormir en ese cuarto. Era una casa muy grande.

Y el gato nunca más apareció de nuevo.

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