/ domingo 29 de marzo de 2020

Los esenios, secta judía, posible origen del cristianismo

Especialistas señalan que esta secta judía se marchó de Jerusalén en protesta por la manera en que se manejaba el templo

A mediados del siglo pasado se encontraron en la localidad de Qumrán, en Palestina, en unas cuevas próximas al Mar Muerto, cientos de manuscritos de los que una gran cantidad están datados entre el año 250 antes de Cristo y el año 66 después de Cristo.

En esos escritos, redactados por los esenios, una secta judía de la que se tiene constancia de que existió entre el siglo II a.C y el siglo I d.C., conocidos como los Manuscritos del Mar Muerto, algunos creyeron ver el origen del cristianismo.

En el año 2017, siete décadas después de haber encontrado los manuscritos, los expertos analizaron 30 tumbas y los resultados, según un medio israelí, respaldan la teoría de que hace más de 2 mil años, aquella zona fue colonizada por una secta judía, probablemente los esenios.

Según los especialistas, los esenios se marcharon de Jerusalén en protesta por la manera en que se manejaba el templo y se adentraron en el desierto para preparar el camino de dos mesías, que traerían una nueva era, y para esperar la Guerra de los Hijos de la Luz contra los Hijos de la Oscuridad, del bien contra el mal.

El nombre de los esenios aparece en infinidad de noticias y escritos recogidos en publicaciones esotéricas, históricas, científicas y generalistas.

También en un libro publicado por el Papa Joseph Ratzinger. Y, en la mayoría de los casos, aparece asociado a la figura de Jesús. Pero, ¿quiénes eran los esenios?.

Según la Enciclopedia Britannica, los esenios eran una secta religiosa que floreció en Palestina unos 200 años antes del nacimiento del mesías de los cristianos.

El Nuevo Testamento no los menciona, pero los escritos antiguos que se mantienen al respecto llevan la firma de Plinio el Viejo, un estudioso, escritor y militar romano; de Filón de Alejandría, un filósofo judío del período helenístico, y de Flavio Josefo, un historiador fariseo.

Los esenios vivían en una especie de comunidad monástica de la que se excluía a las mujeres, sus propiedades eran compartidas y sus actividades reguladas por una serie de mandatos.

Según Plinio el Viejo, no llegaron a conformar una secta muy numerosa y estarían en torno a las 4 mil personas.

La Enciclopedia Britannica dice que los esenios compartían ciertas similitudes con los fariseos, porque cumplían la ley de Moisés y santificaban el sábado; sin embargo, se mantuvieron ocultos, dedicados a una vida contemplativa.

Plinio los definió como un pueblo separado del mundo, maravilloso, sin mujeres entre ellos, para el que el deseo sexual era extraño, que no poseían dinero y cuyas únicas compañeras eran las palmeras.

Filón y Josefo aceptaron las premisas que había desarrollado Plinio y aseguraron que los esenios rechazaban los deseos carnales, al considerarlos una encarnación del mal y que se “protegían” contra el comportamiento inadecuado y pasional de las mujeres.

¿CUNA DEL CRISTIANISMO?

Cuando se encontraron los Manuscritos del Mar Muerto, las bases del cristianismo parecieron tambalearse. Diferentes voces apuntaban a que la religión cristiana era una continuación natural de esta escisión del judaísmo y que el mismo Jesús había sido un maestro esenio.

Joseph Ratzinger, papa emérito, escribió un libro llamado Jesús de Nazareth, en el que indaga sobre la figura histórica y religiosa del carpintero más famoso del mundo. Ente sus páginas, se encuentra una referencia tímida de la posibilidad de que Juan Bautista y Jesús, y sus familias, estuviesen relacionados con los esenios.

Para Ratzinger, Jesús fue sentenciado por blasfemia y no por razones políticas.

Escribió que existían puntos en común entre los manuscritos de Qumrán y las líneas cristianas. Pero también defendía que había diferencias claras entre ellos.

Según recogen diferentes teorías y escritos, Jesús no vivía una existencia monástica, apartada de la secta y nada demuestra que fuese célibe, al menos no lo eran sus apóstoles. También se diferenciaban en la elección de los miembros de su comunidad. Mientras que Jesús predicaba un reino para los más desfavorecidos, los esenios mantenían una actitud más elitista y discriminatoria.

Hoy en día, la teoría quizás más aceptada es la de que Jesús no fue esenio, pero que la secta pudo inspirar algunas características de su comportamiento, como la crítica a los fariseos o el mandato de compartir sus bienes.

A mediados del siglo pasado se encontraron en la localidad de Qumrán, en Palestina, en unas cuevas próximas al Mar Muerto, cientos de manuscritos de los que una gran cantidad están datados entre el año 250 antes de Cristo y el año 66 después de Cristo.

En esos escritos, redactados por los esenios, una secta judía de la que se tiene constancia de que existió entre el siglo II a.C y el siglo I d.C., conocidos como los Manuscritos del Mar Muerto, algunos creyeron ver el origen del cristianismo.

En el año 2017, siete décadas después de haber encontrado los manuscritos, los expertos analizaron 30 tumbas y los resultados, según un medio israelí, respaldan la teoría de que hace más de 2 mil años, aquella zona fue colonizada por una secta judía, probablemente los esenios.

Según los especialistas, los esenios se marcharon de Jerusalén en protesta por la manera en que se manejaba el templo y se adentraron en el desierto para preparar el camino de dos mesías, que traerían una nueva era, y para esperar la Guerra de los Hijos de la Luz contra los Hijos de la Oscuridad, del bien contra el mal.

El nombre de los esenios aparece en infinidad de noticias y escritos recogidos en publicaciones esotéricas, históricas, científicas y generalistas.

También en un libro publicado por el Papa Joseph Ratzinger. Y, en la mayoría de los casos, aparece asociado a la figura de Jesús. Pero, ¿quiénes eran los esenios?.

Según la Enciclopedia Britannica, los esenios eran una secta religiosa que floreció en Palestina unos 200 años antes del nacimiento del mesías de los cristianos.

El Nuevo Testamento no los menciona, pero los escritos antiguos que se mantienen al respecto llevan la firma de Plinio el Viejo, un estudioso, escritor y militar romano; de Filón de Alejandría, un filósofo judío del período helenístico, y de Flavio Josefo, un historiador fariseo.

Los esenios vivían en una especie de comunidad monástica de la que se excluía a las mujeres, sus propiedades eran compartidas y sus actividades reguladas por una serie de mandatos.

Según Plinio el Viejo, no llegaron a conformar una secta muy numerosa y estarían en torno a las 4 mil personas.

La Enciclopedia Britannica dice que los esenios compartían ciertas similitudes con los fariseos, porque cumplían la ley de Moisés y santificaban el sábado; sin embargo, se mantuvieron ocultos, dedicados a una vida contemplativa.

Plinio los definió como un pueblo separado del mundo, maravilloso, sin mujeres entre ellos, para el que el deseo sexual era extraño, que no poseían dinero y cuyas únicas compañeras eran las palmeras.

Filón y Josefo aceptaron las premisas que había desarrollado Plinio y aseguraron que los esenios rechazaban los deseos carnales, al considerarlos una encarnación del mal y que se “protegían” contra el comportamiento inadecuado y pasional de las mujeres.

¿CUNA DEL CRISTIANISMO?

Cuando se encontraron los Manuscritos del Mar Muerto, las bases del cristianismo parecieron tambalearse. Diferentes voces apuntaban a que la religión cristiana era una continuación natural de esta escisión del judaísmo y que el mismo Jesús había sido un maestro esenio.

Joseph Ratzinger, papa emérito, escribió un libro llamado Jesús de Nazareth, en el que indaga sobre la figura histórica y religiosa del carpintero más famoso del mundo. Ente sus páginas, se encuentra una referencia tímida de la posibilidad de que Juan Bautista y Jesús, y sus familias, estuviesen relacionados con los esenios.

Para Ratzinger, Jesús fue sentenciado por blasfemia y no por razones políticas.

Escribió que existían puntos en común entre los manuscritos de Qumrán y las líneas cristianas. Pero también defendía que había diferencias claras entre ellos.

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