/ viernes 21 de enero de 2022

ARTILUGIOS. CARLOS PELLICER, 125 años de poesía

1. Pellicer hubiera pasado a la historia aun sin escribir ni un solo verso, me dijo David Martín del Campo en alguna de aquellas Jornadas pellicerianas de memoria intensa, las de 1989. Es verdad, Pellicer fue Derechos Humanos, INAH, Instituto y secretaría de cultura al mismo tiempo antes de existir ellas.

Lee más: Conmemoran a Carlos Pellicer a 125 años de su natalicio

Curiosa es la forma en que algunas de estas instituciones escatiman el valor del poeta. Qué más da. Lo hecho, hecho está. En resumidas cuentas, si agregamos el valor de su poesía, devoradora, eficaz, sencilla o complicada, encontraremos un delicioso sabor de boca en cada aspecto de su vida. Si no, quiénes no han dicho hasta más allá del cansancio Los cuatro cantos en mi tierra o Esquemas para una oda tropical.

En esos poemas encontraremos al Pellicer más tropical, más concreto, más lúcido. Incluso al más difícil. No debemos olvidar que siempre habló de su agua, de su tierra, de su cielo porque los tuvo en su memoria. Su sobrino, el pintor Carlos Pellicer López dijo que, una vez hecha la edición de tres tomos de El equilibrista, encontró bajo la cama de su tío dos cajas más repletas de poemas. ¿Exageración? Quizá.

Foto: Cortesía | De Tabasco Soy

Lo cierto es que, de su generación y esto lo señaló Fernando Rodríguez, Pellicer no dejó de escribir poemas hasta el último día de su vida. Su alter ego feroz en Tabasco, Fernando Nieto Cadena, guarda esa similitud. Pensar en verso parecería fácil, díganlo si no los miles de poetastros que andan por ahí “definiendo” la acción de versificar. Muchos encuentros de poesía, a la sombra de muchos grandes poetas he visto como para no saberlo.

Sigue leyendo: ¿Qué era el Castillo de Chapultepec antes de ser museo?

Podemos afirmar que los colores del poeta son el verde, el azul, el castaño de la tierra, el voraz del fuego. La persona amada, el reino de la noche, la puerta cerrada, los cuatro elementos, son otra insignia del poeta Pellicer. Cuando habla de sus entrañas de verde clorofila sabemos que habla de su entraña misma. Cortar una rama es como cortar un brazo a un hermano. Todo el espectro poético del tabasqueño se funde en la mirada. Mira el poeta con ojos de asombro todo lo que se muestra. Otro ejemplo:

Entrar a un bosque cuando el día

todo llanura

con braserillos y alfileres

a piernas ricas desanuda,

es desnudar un tronco andante

y echarlo al agua a que se una

con materiales inasibles

de olvido imágenes fortuna.

Ahí está. En apenas un puñado de versos, Pellicer habla de lo que es ver, andar, sentir la selva. Uno más, y perdón:

Yo acaricio el paisaje,

oh adorada persona

que oíste mis poemas y que ahora

tu cabeza reclinas en mi brazo.

El paisaje se une a la persona amada, se funde con el valor de lo amado. Pellicer es de una generación de poetas que conoce muy bien la gramática. Sabe del ello y del Ello, del tú y del Tú. Creer que se añade un desliz es no conocer la obra pelliceriana. Nuestro bardo cumple este año 125 años, número redondo, me dijo alguna vez un buen amigo. Así es como debemos reconocer a nuestros artistas, en números que redondeen cifras porque ahí se valora su permanencia a través del tiempo.

Casa Museo Carlos Pellicer Cámara en Villahermosa. Foto: Cortesía | destimap

No por sus estatuas u homenajes, muchos o pocos. Ahí en el asiento trasero del vehículo de la poesía hay lugar para los muchos poetas que va llevando el tiempo. En el volante y en el asiento del copiloto, respectivamente, van José Gorostiza y Andrés Iduarte, nuestro filósofo poeta y el lingüista. En el asiento trasero, displicente, va Pellicer admirando el paisaje. Lo acompaña el joven José Carlos Becerra a quien no quisieron dejarle la conducción del auto, no sé por qué. Recordamos a Pellicer leyendo su obra. Así rendiremos el mejor homenaje.

Fotos: Javier Chávez| El Heraldo de Tabasco

2. El investigador y crítico literario Michael K. Schuessler pone el dedo en la llaga cuando pregunta porqué no se habla de la homosexualidad de Pellicer. Y digo que lo hace pues ese fue un tema tabú en nuestro estado desde el deceso del poeta. Ejemplo.

También lee: ¿Tu apellido es de origen judío? Aquí la lista completa para que lo verifiques

En todas las visitas del escritor Emmanuel Carballo, disertando sobre cualquier aspecto literario, terminaba su charla diciendo que no importaba que Pellicer fuera homosexual o no. Otra más del maestro Carballo fue en el mundial de futbol de 1986 cuando le preguntaron al autor de Protagonistas de la literatura mexicana si sabía si al poeta de América le gustaba el futbol. Carballo nuevamente, atusándose los bigotes dijo que no sabía, pero que en la cabecera de su cama tenía la foto de un futbolista. No sé cómo lo sabia el maestro, pero lo que sí es que los adeptos de Pellicer en Tabasco detestaban a Carballo, cosa que me imagino le valía una pura y dos con sal.

Foto: Cortesía | letralia

3. Ese es el otro punto. En Tabasco, no digamos en México, Pellicer tiene más adeptos que lectores. Más fans que conocedores de su obra. Todos se saben una sola cuarteta, la de “agua de Tabasco vengo…” inscrita, mal ortografiada por cierto, en la base de la estatua del poeta frente al museo regional de Antropología en Villahermosa.

Te recomendamos: ARTILUGIOS. El panóptico altruista.

Ese es el sino de quien hace alguna obra relumbrante. Ser admirado por anécdotas que acuden más a la risa que a la brillantez. Por ejemplo, la del periodista que salió con la pregunta de todos los periodistas que quieren posar de cultos. ¿Y usted maestro, cómo se inspira para escribir su poesía? A lo que Pellicer respondió, siempre muy serio, yo lo hago a la chingamusa. El periodista tomó nota - aun no existían los teléfonos móviles que resuelven la pereza con mucho tino - y preguntó ¿Qué es eso, maestro? A la chingamusa es estar chingando a la musa para que baje, no esperar a que ella descienda sola, debió concluir el poeta con una risita mal disimulada. No era un hombre tonto el poeta, claro que no. Si le preguntaban frivolidades o estupideces respondía acorde.

La entrevista que le hace Emmanuel Carballo en el libro citado más arriba es una de las mejores del libro. En ella Pellicer responde con exactitud y certeza al cuestionamiento, siempre extraño de Carballo. No habla de su preferencia sexual (y el eufemismo ahora resulta tan sórdido que me niego a ocuparlo nuevamente) pero sí de sus compañeros del grupo Contemporáneos.

Foto: Cortesía | IberLibro

A la pregunta quién es mejor poeta, Gorostiza o Novo, don Carlos responde que él es mejor poeta que Novo, claro. Gorostiza, agrega, tiene lo suyo. En esa entrevista, los contendientes se ponen los guantes de box, se suben al ring improvisado de Carballo, y resuelven algunas dudas sobre la época vasconceliana, tan cara a Pellicer, así como el devenir de los tiempos literarios mexicanos. Sabemos del desdén con que Paz trata a nuestro bardo. No es extraño, lo mismo hace con Gorostiza. Igual sabemos que don Carlos conoció a las generaciones todas de poetas mexicanos. Todas, porque las vio, las conoció y las identificó muy bien.

Síguenos en Facebook: @elheraldodetab y en Twitter: @heraldodetab

Fue a La Habana a ver a Díaz Mirón. Conoció a los Contemporáneos, pero también a los asistentes al congreso por la libertad en Valencia, España. Conoció a Gabriela Mistral, a Pablo Neruda y a todos los grandes escritores y poetas de América Latina. Conoció a la joven generación de poetas, entre ellos a su paisano José Carlos Becerra. Conoció al mismo Octavio Paz a quien le dio clases de literatura, pero nunca fue su maestro, en el término formador de la palabra.

Sí. Estoy de acuerdo con David Martín del Campo, aun sin escribir una nota de poesía, Pellicer hubiera pasado a la historia.

1. Pellicer hubiera pasado a la historia aun sin escribir ni un solo verso, me dijo David Martín del Campo en alguna de aquellas Jornadas pellicerianas de memoria intensa, las de 1989. Es verdad, Pellicer fue Derechos Humanos, INAH, Instituto y secretaría de cultura al mismo tiempo antes de existir ellas.

Lee más: Conmemoran a Carlos Pellicer a 125 años de su natalicio

Curiosa es la forma en que algunas de estas instituciones escatiman el valor del poeta. Qué más da. Lo hecho, hecho está. En resumidas cuentas, si agregamos el valor de su poesía, devoradora, eficaz, sencilla o complicada, encontraremos un delicioso sabor de boca en cada aspecto de su vida. Si no, quiénes no han dicho hasta más allá del cansancio Los cuatro cantos en mi tierra o Esquemas para una oda tropical.

En esos poemas encontraremos al Pellicer más tropical, más concreto, más lúcido. Incluso al más difícil. No debemos olvidar que siempre habló de su agua, de su tierra, de su cielo porque los tuvo en su memoria. Su sobrino, el pintor Carlos Pellicer López dijo que, una vez hecha la edición de tres tomos de El equilibrista, encontró bajo la cama de su tío dos cajas más repletas de poemas. ¿Exageración? Quizá.

Foto: Cortesía | De Tabasco Soy

Lo cierto es que, de su generación y esto lo señaló Fernando Rodríguez, Pellicer no dejó de escribir poemas hasta el último día de su vida. Su alter ego feroz en Tabasco, Fernando Nieto Cadena, guarda esa similitud. Pensar en verso parecería fácil, díganlo si no los miles de poetastros que andan por ahí “definiendo” la acción de versificar. Muchos encuentros de poesía, a la sombra de muchos grandes poetas he visto como para no saberlo.

Sigue leyendo: ¿Qué era el Castillo de Chapultepec antes de ser museo?

Podemos afirmar que los colores del poeta son el verde, el azul, el castaño de la tierra, el voraz del fuego. La persona amada, el reino de la noche, la puerta cerrada, los cuatro elementos, son otra insignia del poeta Pellicer. Cuando habla de sus entrañas de verde clorofila sabemos que habla de su entraña misma. Cortar una rama es como cortar un brazo a un hermano. Todo el espectro poético del tabasqueño se funde en la mirada. Mira el poeta con ojos de asombro todo lo que se muestra. Otro ejemplo:

Entrar a un bosque cuando el día

todo llanura

con braserillos y alfileres

a piernas ricas desanuda,

es desnudar un tronco andante

y echarlo al agua a que se una

con materiales inasibles

de olvido imágenes fortuna.

Ahí está. En apenas un puñado de versos, Pellicer habla de lo que es ver, andar, sentir la selva. Uno más, y perdón:

Yo acaricio el paisaje,

oh adorada persona

que oíste mis poemas y que ahora

tu cabeza reclinas en mi brazo.

El paisaje se une a la persona amada, se funde con el valor de lo amado. Pellicer es de una generación de poetas que conoce muy bien la gramática. Sabe del ello y del Ello, del tú y del Tú. Creer que se añade un desliz es no conocer la obra pelliceriana. Nuestro bardo cumple este año 125 años, número redondo, me dijo alguna vez un buen amigo. Así es como debemos reconocer a nuestros artistas, en números que redondeen cifras porque ahí se valora su permanencia a través del tiempo.

Casa Museo Carlos Pellicer Cámara en Villahermosa. Foto: Cortesía | destimap

No por sus estatuas u homenajes, muchos o pocos. Ahí en el asiento trasero del vehículo de la poesía hay lugar para los muchos poetas que va llevando el tiempo. En el volante y en el asiento del copiloto, respectivamente, van José Gorostiza y Andrés Iduarte, nuestro filósofo poeta y el lingüista. En el asiento trasero, displicente, va Pellicer admirando el paisaje. Lo acompaña el joven José Carlos Becerra a quien no quisieron dejarle la conducción del auto, no sé por qué. Recordamos a Pellicer leyendo su obra. Así rendiremos el mejor homenaje.

Fotos: Javier Chávez| El Heraldo de Tabasco

2. El investigador y crítico literario Michael K. Schuessler pone el dedo en la llaga cuando pregunta porqué no se habla de la homosexualidad de Pellicer. Y digo que lo hace pues ese fue un tema tabú en nuestro estado desde el deceso del poeta. Ejemplo.

También lee: ¿Tu apellido es de origen judío? Aquí la lista completa para que lo verifiques

En todas las visitas del escritor Emmanuel Carballo, disertando sobre cualquier aspecto literario, terminaba su charla diciendo que no importaba que Pellicer fuera homosexual o no. Otra más del maestro Carballo fue en el mundial de futbol de 1986 cuando le preguntaron al autor de Protagonistas de la literatura mexicana si sabía si al poeta de América le gustaba el futbol. Carballo nuevamente, atusándose los bigotes dijo que no sabía, pero que en la cabecera de su cama tenía la foto de un futbolista. No sé cómo lo sabia el maestro, pero lo que sí es que los adeptos de Pellicer en Tabasco detestaban a Carballo, cosa que me imagino le valía una pura y dos con sal.

Foto: Cortesía | letralia

3. Ese es el otro punto. En Tabasco, no digamos en México, Pellicer tiene más adeptos que lectores. Más fans que conocedores de su obra. Todos se saben una sola cuarteta, la de “agua de Tabasco vengo…” inscrita, mal ortografiada por cierto, en la base de la estatua del poeta frente al museo regional de Antropología en Villahermosa.

Te recomendamos: ARTILUGIOS. El panóptico altruista.

Ese es el sino de quien hace alguna obra relumbrante. Ser admirado por anécdotas que acuden más a la risa que a la brillantez. Por ejemplo, la del periodista que salió con la pregunta de todos los periodistas que quieren posar de cultos. ¿Y usted maestro, cómo se inspira para escribir su poesía? A lo que Pellicer respondió, siempre muy serio, yo lo hago a la chingamusa. El periodista tomó nota - aun no existían los teléfonos móviles que resuelven la pereza con mucho tino - y preguntó ¿Qué es eso, maestro? A la chingamusa es estar chingando a la musa para que baje, no esperar a que ella descienda sola, debió concluir el poeta con una risita mal disimulada. No era un hombre tonto el poeta, claro que no. Si le preguntaban frivolidades o estupideces respondía acorde.

La entrevista que le hace Emmanuel Carballo en el libro citado más arriba es una de las mejores del libro. En ella Pellicer responde con exactitud y certeza al cuestionamiento, siempre extraño de Carballo. No habla de su preferencia sexual (y el eufemismo ahora resulta tan sórdido que me niego a ocuparlo nuevamente) pero sí de sus compañeros del grupo Contemporáneos.

Foto: Cortesía | IberLibro

A la pregunta quién es mejor poeta, Gorostiza o Novo, don Carlos responde que él es mejor poeta que Novo, claro. Gorostiza, agrega, tiene lo suyo. En esa entrevista, los contendientes se ponen los guantes de box, se suben al ring improvisado de Carballo, y resuelven algunas dudas sobre la época vasconceliana, tan cara a Pellicer, así como el devenir de los tiempos literarios mexicanos. Sabemos del desdén con que Paz trata a nuestro bardo. No es extraño, lo mismo hace con Gorostiza. Igual sabemos que don Carlos conoció a las generaciones todas de poetas mexicanos. Todas, porque las vio, las conoció y las identificó muy bien.

Síguenos en Facebook: @elheraldodetab y en Twitter: @heraldodetab

Fue a La Habana a ver a Díaz Mirón. Conoció a los Contemporáneos, pero también a los asistentes al congreso por la libertad en Valencia, España. Conoció a Gabriela Mistral, a Pablo Neruda y a todos los grandes escritores y poetas de América Latina. Conoció a la joven generación de poetas, entre ellos a su paisano José Carlos Becerra. Conoció al mismo Octavio Paz a quien le dio clases de literatura, pero nunca fue su maestro, en el término formador de la palabra.

Sí. Estoy de acuerdo con David Martín del Campo, aun sin escribir una nota de poesía, Pellicer hubiera pasado a la historia.

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