/ martes 18 de diciembre de 2018

Tabasco: el nutriólogo y el periodista

En un artículo publicado la semana pasada, la periodista Alicia Hernández Sánchez, española radicada en Venezuela ganadora del Premio Rey de España, concluye que los reporteros cometen el error en redes sociales de no delimitar la frontera entre lo público y lo privado.

Para explicar bien el fenómeno, cita el ejemplo de un nutriólogo que en su perfil pone que se gana la vida recetando alimentos para estar sanos, pero inunda sus redes “con fotografías de suculentas –y grasosas– hamburguesas, parrillas, bizcochos y chucherías industriales, y constantemente escribe sobre hábitos muy poco saludables para nuestro organismo”.

La comunicadora se pregunta: “¿Nos fiaríamos igual de su criterio como nutricionista? Como mínimo, miraríamos con suspicacia que pusiera tanta comida-basura”.

Esto lo compara con el caso de un periodista que tiene redes sociales. “Las buenas prácticas pasarían por poner noticias de calidad, que han pasado por un filtro de verificación, así como escribir de modo correcto, sin faltas de ortografía, no hacer proselitismo. Es algo de Perogrullo”, dice.

Hernández Sánchez sostiene que, en la realidad, hay colegas “que escriben con faltas de ortografía”, y cuenta un caso que le aconteció: “En una ocasión me topé con uno, cometí la imprudencia de decirle y me contestó con un ‘no sabes quién soy yo’”. \u0009

Dice que “otro argumento bastante común cuando se cometen este tipo de fallas es el de ‘en mis redes sociales escribo como quiero’”.

La reportera advierte sobre otra práctica, que, por cierto, es muy común en Tabasco: “periodistas lanzan en sus redes informaciones sin contrastar, rumores o ataques personales a políticos, insultos incluidos”.

En la comparación con el nutriólogo que sube fotos de comida chatarra, la ganadora del Rey de España 2017 señala que los insultos, las faltas de ortografía y la publicación de rumores sería “contenido basura”.

“¿Pondríamos algo así en un texto periodístico?”, se cuestiona, y se responde: “Si en un artículo se supone que aplicamos rigurosidad, ¿por qué no así en nuestras redes sociales? ¿Podría nuestro lector-seguidor mirarnos con suspicacia si publicamos contenido basura?”.

La comunicadora señala que el argumento-escudo de que “son nuestras redes personales” tiende a diluirse en un mundo donde todo comunica. “Aún más cuando en esos mismos canales se pone de modo explícito que somos periodistas y se hace uso de ellos para compartir trabajos propios”.

“¿No nos pone eso en una situación de responsabilidad?”, se pregunta.

Alicia Hernández narra un episodio que califica de “más peliagudo” (algo parecido ocurre en estos momentos en el Edén):

“En Venezuela se organizó en julio del año pasado un firmazo para lograr un referéndum en el que se decidiera si el presidente Nicolás Maduro debía seguir o no en el poder. La convocatoria se hacía desde la oposición. Muchos periodistas llamaron a participar en él. Tenía –y sigo teniendo– mis serias dudas sobre si eso es ético. No así informar del hecho, algo que entra sin ninguna duda dentro del terreno de las funciones del periodista. Recibí en su momento el siguiente argumento a favor de quienes llamaron a la participación: ‘No hay ningún conflicto ético si, en definitiva, lo pides como ciudadano’.

Haces un llamado a participar como ciudadano en las mismas redes en las que también informas como periodista. ¿Se puede? ¿Es ético? ¿No se está tomando parte por un lado? ¿Cuándo nos ponemos la etiqueta de ciudadano y cuándo la de periodista?”.

En un artículo publicado la semana pasada, la periodista Alicia Hernández Sánchez, española radicada en Venezuela ganadora del Premio Rey de España, concluye que los reporteros cometen el error en redes sociales de no delimitar la frontera entre lo público y lo privado.

Para explicar bien el fenómeno, cita el ejemplo de un nutriólogo que en su perfil pone que se gana la vida recetando alimentos para estar sanos, pero inunda sus redes “con fotografías de suculentas –y grasosas– hamburguesas, parrillas, bizcochos y chucherías industriales, y constantemente escribe sobre hábitos muy poco saludables para nuestro organismo”.

La comunicadora se pregunta: “¿Nos fiaríamos igual de su criterio como nutricionista? Como mínimo, miraríamos con suspicacia que pusiera tanta comida-basura”.

Esto lo compara con el caso de un periodista que tiene redes sociales. “Las buenas prácticas pasarían por poner noticias de calidad, que han pasado por un filtro de verificación, así como escribir de modo correcto, sin faltas de ortografía, no hacer proselitismo. Es algo de Perogrullo”, dice.

Hernández Sánchez sostiene que, en la realidad, hay colegas “que escriben con faltas de ortografía”, y cuenta un caso que le aconteció: “En una ocasión me topé con uno, cometí la imprudencia de decirle y me contestó con un ‘no sabes quién soy yo’”. \u0009

Dice que “otro argumento bastante común cuando se cometen este tipo de fallas es el de ‘en mis redes sociales escribo como quiero’”.

La reportera advierte sobre otra práctica, que, por cierto, es muy común en Tabasco: “periodistas lanzan en sus redes informaciones sin contrastar, rumores o ataques personales a políticos, insultos incluidos”.

En la comparación con el nutriólogo que sube fotos de comida chatarra, la ganadora del Rey de España 2017 señala que los insultos, las faltas de ortografía y la publicación de rumores sería “contenido basura”.

“¿Pondríamos algo así en un texto periodístico?”, se cuestiona, y se responde: “Si en un artículo se supone que aplicamos rigurosidad, ¿por qué no así en nuestras redes sociales? ¿Podría nuestro lector-seguidor mirarnos con suspicacia si publicamos contenido basura?”.

La comunicadora señala que el argumento-escudo de que “son nuestras redes personales” tiende a diluirse en un mundo donde todo comunica. “Aún más cuando en esos mismos canales se pone de modo explícito que somos periodistas y se hace uso de ellos para compartir trabajos propios”.

“¿No nos pone eso en una situación de responsabilidad?”, se pregunta.

Alicia Hernández narra un episodio que califica de “más peliagudo” (algo parecido ocurre en estos momentos en el Edén):

“En Venezuela se organizó en julio del año pasado un firmazo para lograr un referéndum en el que se decidiera si el presidente Nicolás Maduro debía seguir o no en el poder. La convocatoria se hacía desde la oposición. Muchos periodistas llamaron a participar en él. Tenía –y sigo teniendo– mis serias dudas sobre si eso es ético. No así informar del hecho, algo que entra sin ninguna duda dentro del terreno de las funciones del periodista. Recibí en su momento el siguiente argumento a favor de quienes llamaron a la participación: ‘No hay ningún conflicto ético si, en definitiva, lo pides como ciudadano’.

Haces un llamado a participar como ciudadano en las mismas redes en las que también informas como periodista. ¿Se puede? ¿Es ético? ¿No se está tomando parte por un lado? ¿Cuándo nos ponemos la etiqueta de ciudadano y cuándo la de periodista?”.

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