/ miércoles 19 de junio de 2019

Políticos que ‘no han necesitado’ a los periodistas

Una constante de los políticos que desprecian a la prensa es creer que esta no influye porque llegaron al poder pese a tenerla en contra. El razonamiento es que si los periodistas no pudieron impedir que ganaran las elecciones, menos los podrían ‘tirar’ de la cima.

El primer ‘enemigo’ de los medios fue el panista Vicente Fox Quesada, que en 2000 expulsó al PRI de ‘Los Pinos’, aun con la brutal acometida mediática en su contra. Al ranchero que fue gobernador de Guanajuato el diario ‘Excélsior’ le publicó, previo a las elecciones de julio de ese año, a ocho columnas, un presunto expediente médico en el que destacaba una supuesta disfunción.

Ni así el tricolor pudo con él, por lo que al llegar a Palacio Nacional era natural que Fox no quisiera nada con la prensa, aunque si bien desdeñó a los medios escritos, apuntaló su gestión en los noticieros electrónicos, principalmente la televisión.

Que este reportero recuerde, fue con el panista que los columnistas le perdieron el respeto a la investidura presidencial.

¿Le ayudó la televisión en su imagen para desvanecer el maltrato que le dio la llamada opinocracia?

De ninguna manera. Hoy cualquier hijo de vecino literalmente le tantea la retaguardia al esposo de doña Martha Sahagún. Su descrédito es tanto que a veces no puede volar sin ser insultado en los aeropuertos.

Los ciudadanos no se hacen lo mismo con Carlos Salinas, Ernesto Zedillo o con Felipe Calderón. Vaya, dentro de poco también Enrique Peña Nieto podrá caminar como ‘Pedro por su casa’.

En Tabasco hay dos casos claros de políticos que creen que ganaron por sus méritos y a pesar de tener a los medios en contra: el ahora presidente Andrés Manuel López Obrador y el exgobernador Arturo Núñez Jiménez.

Con el de Tepetitán la prensa tabasqueña se cebó en los noventa. Le inventaron hasta expedientes criminales y muchos corresponsales nacionales lograron sumas considerables con la venta de gacetillas para desmerecerlo en la capital del país.

Pero AMLO ganó en 2018 al igual que Fox en 2000. ¿Fueron ambos superhombres vacunados contra el veneno que le inocularon los periodistas a la ciudadanía?

En realidad ninguno de ellos ha entendido que fue un momento de hastío que sacó al régimen priísta del poder. Por el panista votaron los que ya estaban asqueados del PRI, y el año pasado regresó el mismo sentimiento social de sufragar contra todo lo establecido.

En 2012 Arturo Núñez se aprovechó de ese momento: si bien en 2000 el cambio que vivió México no llegó a Tabasco, dos sexenios después fue inevitable que los tabasqueños ya no quisieran ni en pintura a los priístas.

El marido de Martha Lilia López Aguilera llegó envalentonado a la ‘Quinta Grijalva’ por creer que el triunfo no se lo debía a su jefe político López Obrador –como él mismo le llamó al tomar posesión del cargo–, sino a su propia ‘popularidad’.

Núñez entró a despachar con el rencor acumulado durante años, tras de que en 2000 los periodistas cercanos a Roberto Madrazo Pintado le enderezaron una grosera como infamante campaña.

Sin embargo, su jefa de prensa, Dolores Gutiérrez, le acercó a un grupo que había sido muy cercano a Madrazo y ese puñado de articulistas se agenció una buena tajada de la propaganda oficial, de lo que hay pruebas en transparencia.

Muchos vieron en ese gesto de Núñez una prueba de que su cerebro ya no tenía la misma agudeza: se rodeó de quienes realmente lo calumniaron desde 2000 que era priísta hasta el 2012 que como perredista y gracias al arrastre de AMLO logró sentarse en Plaza de Armas.

Los ataques del mandatario mexicano a los periodistas como la estrategia de Núñez para desaparecer a la llamada prensa alternativa de Tabasco, se asemeja en algo a lo que Fox quiso hacerle a los medios en 2000.

Hoy a Fox cualquiera lo ningunea.

Una constante de los políticos que desprecian a la prensa es creer que esta no influye porque llegaron al poder pese a tenerla en contra. El razonamiento es que si los periodistas no pudieron impedir que ganaran las elecciones, menos los podrían ‘tirar’ de la cima.

El primer ‘enemigo’ de los medios fue el panista Vicente Fox Quesada, que en 2000 expulsó al PRI de ‘Los Pinos’, aun con la brutal acometida mediática en su contra. Al ranchero que fue gobernador de Guanajuato el diario ‘Excélsior’ le publicó, previo a las elecciones de julio de ese año, a ocho columnas, un presunto expediente médico en el que destacaba una supuesta disfunción.

Ni así el tricolor pudo con él, por lo que al llegar a Palacio Nacional era natural que Fox no quisiera nada con la prensa, aunque si bien desdeñó a los medios escritos, apuntaló su gestión en los noticieros electrónicos, principalmente la televisión.

Que este reportero recuerde, fue con el panista que los columnistas le perdieron el respeto a la investidura presidencial.

¿Le ayudó la televisión en su imagen para desvanecer el maltrato que le dio la llamada opinocracia?

De ninguna manera. Hoy cualquier hijo de vecino literalmente le tantea la retaguardia al esposo de doña Martha Sahagún. Su descrédito es tanto que a veces no puede volar sin ser insultado en los aeropuertos.

Los ciudadanos no se hacen lo mismo con Carlos Salinas, Ernesto Zedillo o con Felipe Calderón. Vaya, dentro de poco también Enrique Peña Nieto podrá caminar como ‘Pedro por su casa’.

En Tabasco hay dos casos claros de políticos que creen que ganaron por sus méritos y a pesar de tener a los medios en contra: el ahora presidente Andrés Manuel López Obrador y el exgobernador Arturo Núñez Jiménez.

Con el de Tepetitán la prensa tabasqueña se cebó en los noventa. Le inventaron hasta expedientes criminales y muchos corresponsales nacionales lograron sumas considerables con la venta de gacetillas para desmerecerlo en la capital del país.

Pero AMLO ganó en 2018 al igual que Fox en 2000. ¿Fueron ambos superhombres vacunados contra el veneno que le inocularon los periodistas a la ciudadanía?

En realidad ninguno de ellos ha entendido que fue un momento de hastío que sacó al régimen priísta del poder. Por el panista votaron los que ya estaban asqueados del PRI, y el año pasado regresó el mismo sentimiento social de sufragar contra todo lo establecido.

En 2012 Arturo Núñez se aprovechó de ese momento: si bien en 2000 el cambio que vivió México no llegó a Tabasco, dos sexenios después fue inevitable que los tabasqueños ya no quisieran ni en pintura a los priístas.

El marido de Martha Lilia López Aguilera llegó envalentonado a la ‘Quinta Grijalva’ por creer que el triunfo no se lo debía a su jefe político López Obrador –como él mismo le llamó al tomar posesión del cargo–, sino a su propia ‘popularidad’.

Núñez entró a despachar con el rencor acumulado durante años, tras de que en 2000 los periodistas cercanos a Roberto Madrazo Pintado le enderezaron una grosera como infamante campaña.

Sin embargo, su jefa de prensa, Dolores Gutiérrez, le acercó a un grupo que había sido muy cercano a Madrazo y ese puñado de articulistas se agenció una buena tajada de la propaganda oficial, de lo que hay pruebas en transparencia.

Muchos vieron en ese gesto de Núñez una prueba de que su cerebro ya no tenía la misma agudeza: se rodeó de quienes realmente lo calumniaron desde 2000 que era priísta hasta el 2012 que como perredista y gracias al arrastre de AMLO logró sentarse en Plaza de Armas.

Los ataques del mandatario mexicano a los periodistas como la estrategia de Núñez para desaparecer a la llamada prensa alternativa de Tabasco, se asemeja en algo a lo que Fox quiso hacerle a los medios en 2000.

Hoy a Fox cualquiera lo ningunea.

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