/ miércoles 8 de mayo de 2019

Periodismo: los muertos los ha puesto la provincia

El intento de robo del coche del periodista Héctor de Mauleón se presentó en un principio como un atentado al también escritor especializado en temas policiacos. El guardia del columnista mató a un presunto ladrón, hirió a otro e hizo huir al tercero. ¿Por qué el incidente se salió de la esfera de las estadísticas nacionales sobre criminalidad? De haber sido real la agresión, habría sido la primera vez en muchos años que un periodista es atacado en la metrópoli.

El columnista Manuel Buendía Tellezgirón ha sido el último colega en ser victimado en la Ciudad de México. El más grande periodista mexicano de todos los tiempos fue ejecutado el 30 de mayo de 1984 en lo que era el Distrito Federal, una tarde después de salir de su oficina.

A Buendía un sicario se le acercó por la espalda, le levantó la falda de la chamarra de piel y le descerrajó un par de balazos.

En julio de 2015, el fotógrafo Rubén Espinosa Becerril fue ultimado a golpes en la Ciudad de México, en donde se había refugiado tras ser amenazado de muerte en el Veracruz de Javier Duarte.

El comunicador ejerció su oficio en tierra veracruzana, por lo que el origen de su agresión se visualizó en aquella entidad.

Por eso el hecho de sangre en que se vio involucrado Mauleón prendió las alarmas.

Este reportero ha sostenido que si Héctor publicara en provincia desafortunadamente ya habría sido silenciado. El autor de ‘En Tercera Persona’ aborda temas que en el interior del país son intocables.

El colega –cuya carrera empezó en 1989, dos años después que quien esto escribe– lo mismo revela quiénes son los jefes del narcotráfico en la capital del país, que da pormenores de los capos del huachicol en los estados donde se roba hidrocarburo a Pemex.

Ahora mismo se sabe que en el sexenio pasado Mauleón estaba acogido al programa federal de protección a periodistas por amenazas de muerte de grupos criminales afectados por sus textos editados en un importante diario de la Ciudad de México.

La cobertura informativa al intento de robo del coche de Mauleón dio respuesta a la interrogante que muchos tundemáquinas se hacen en corto: ¿Por qué solo se mata a periodistas en los estados y no en la vieja Tenochtitlan?

Los medios electrónicos le dieron cobertura en tiempo real a la noticia, reparando en la importancia de Héctor en la comunicación en México.

Esto es, no es lo mismo que acribillen a un columnista al que lee la clase política asentada en la CDMX y que, además, goza de credibilidad y penetración, a que acallen a un reportero que ejerce en provincia.

Sin temor a equivocación puede afirmarse que el último periodista con audiencia en la política nacional acribillado en la capital fue Manuel Buendía, por cuya ejecución se procesó al que era entonces el director de la policía política del régimen priísta, José Antonio Zorrilla, pero nunca se llegó al jefe de este, Manuel Bartlett, por cierto hoy uno de los principales colaboradores del presidente Andrés Manuel López Obrador.

Como ya se ha visto, Mauleón pagaba a un mayor retirado del Ejército para que lo cuidara; lo mismo hacen periodistas de esa talla que conducen noticieros con mucho rating.

Además, quizá los jefes criminales intuyen que matar a un comunicador con la presencia de Mauleón representaría una presión monumental por parte de la opinión pública.

En el interior del país no pasa lo mismo. Fuera de la metrópoli se mata como cucarachas a los comunicadores, y sus verdugos se dan el lujo de calumniar los cadáveres con historias sembradas para desviar la atención.

El régimen priísta se dio vuelo matando periodistas. En el mismo Edén hay casos de colegas privados de la vida que “coincidentemente” fueron críticos corrosivos de mandatarios en turnos forjados en las cañerías de Secretaría de Gobernación.

El intento de robo del coche del periodista Héctor de Mauleón se presentó en un principio como un atentado al también escritor especializado en temas policiacos. El guardia del columnista mató a un presunto ladrón, hirió a otro e hizo huir al tercero. ¿Por qué el incidente se salió de la esfera de las estadísticas nacionales sobre criminalidad? De haber sido real la agresión, habría sido la primera vez en muchos años que un periodista es atacado en la metrópoli.

El columnista Manuel Buendía Tellezgirón ha sido el último colega en ser victimado en la Ciudad de México. El más grande periodista mexicano de todos los tiempos fue ejecutado el 30 de mayo de 1984 en lo que era el Distrito Federal, una tarde después de salir de su oficina.

A Buendía un sicario se le acercó por la espalda, le levantó la falda de la chamarra de piel y le descerrajó un par de balazos.

En julio de 2015, el fotógrafo Rubén Espinosa Becerril fue ultimado a golpes en la Ciudad de México, en donde se había refugiado tras ser amenazado de muerte en el Veracruz de Javier Duarte.

El comunicador ejerció su oficio en tierra veracruzana, por lo que el origen de su agresión se visualizó en aquella entidad.

Por eso el hecho de sangre en que se vio involucrado Mauleón prendió las alarmas.

Este reportero ha sostenido que si Héctor publicara en provincia desafortunadamente ya habría sido silenciado. El autor de ‘En Tercera Persona’ aborda temas que en el interior del país son intocables.

El colega –cuya carrera empezó en 1989, dos años después que quien esto escribe– lo mismo revela quiénes son los jefes del narcotráfico en la capital del país, que da pormenores de los capos del huachicol en los estados donde se roba hidrocarburo a Pemex.

Ahora mismo se sabe que en el sexenio pasado Mauleón estaba acogido al programa federal de protección a periodistas por amenazas de muerte de grupos criminales afectados por sus textos editados en un importante diario de la Ciudad de México.

La cobertura informativa al intento de robo del coche de Mauleón dio respuesta a la interrogante que muchos tundemáquinas se hacen en corto: ¿Por qué solo se mata a periodistas en los estados y no en la vieja Tenochtitlan?

Los medios electrónicos le dieron cobertura en tiempo real a la noticia, reparando en la importancia de Héctor en la comunicación en México.

Esto es, no es lo mismo que acribillen a un columnista al que lee la clase política asentada en la CDMX y que, además, goza de credibilidad y penetración, a que acallen a un reportero que ejerce en provincia.

Sin temor a equivocación puede afirmarse que el último periodista con audiencia en la política nacional acribillado en la capital fue Manuel Buendía, por cuya ejecución se procesó al que era entonces el director de la policía política del régimen priísta, José Antonio Zorrilla, pero nunca se llegó al jefe de este, Manuel Bartlett, por cierto hoy uno de los principales colaboradores del presidente Andrés Manuel López Obrador.

Como ya se ha visto, Mauleón pagaba a un mayor retirado del Ejército para que lo cuidara; lo mismo hacen periodistas de esa talla que conducen noticieros con mucho rating.

Además, quizá los jefes criminales intuyen que matar a un comunicador con la presencia de Mauleón representaría una presión monumental por parte de la opinión pública.

En el interior del país no pasa lo mismo. Fuera de la metrópoli se mata como cucarachas a los comunicadores, y sus verdugos se dan el lujo de calumniar los cadáveres con historias sembradas para desviar la atención.

El régimen priísta se dio vuelo matando periodistas. En el mismo Edén hay casos de colegas privados de la vida que “coincidentemente” fueron críticos corrosivos de mandatarios en turnos forjados en las cañerías de Secretaría de Gobernación.

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