/ jueves 10 de enero de 2019

Núñez, peor que Granier y el PRI

Tras las elecciones de 2012, cuando el PRI perdió por primera vez la gubernatura, la mayoría de los tabasqueños abrigaba la esperanza de que la llegada de un personaje con una larga trayectoria en la administración y con una envidiable carrera en la capital del país, iba a sacar a Tabasco del barranco en que lo había metido el priísta Andrés Granier Melo.

La deducción era simple: el químico no era político y su único cargo de relevancia antes de llegar a la Quinta Grijalva era la alcaldía de Centro; su mayor gloria había sido hacer a Villahermosa un pueblo bicicletero.

En cambio Arturo Núñez Jiménez había sido por mucho tiempo el número dos de la poderosa Secretaría de Gobernación, y había colaborado con varios presidentes de la república.

Fundador del Instituto Federal Electoral (IFE), alumno del legendario Fernando Gutiérrez Barrios, Núñez no tenía competencia en la izquierda y mucho menos en el PRI, su ex partido.

Durante la campaña, en varias ocasiones Andrés Manuel López Obrador le levantó la mano para presentárselo a los tabasqueños como una persona honesta y el político más preparado para conducir a Tabasco en esos momentos de crisis.

Ya que ganó los comicios, en buena medida gracias a su arrastre como abanderado presidencial de la izquierda, AMLO les dijo en varias ocasiones a periodistas de la Ciudad de México que Núñez era “un gobernador de lujo”.

Parecía no existir comparación: con Granier, que le había entregado a Núñez, no había existido administración pública, pues los principales cargos de su gobierno habían sido para amigos y familiares.

A la larga, la inexperiencia del químico había resultado un cóctel explosivo que detonó a finales de su gestión, cuando se requirieron 800 millones de pesos adicionales el último mes para pagarles a trabajadores del sector salud.

Núñez aseveró desde el 31 de diciembre de 2012 que asumió el Ejecutivo que los “saqueadores” de Tabasco irían a la cárcel. Más aún: prometió que el Edén nunca más sería botín de nadie.

No había razón para no creerle: su trayectoria estaba colmada de laureles y llegó a Plaza de Armas como uno de los políticos más preparados de México, con una imagen en la academia que era para enorgullecer a su tierra.

No una. Varias veces el ahora presidente de México sostuvo que su paisano era un “gobernador de lujo”.

Visto los resultados de su gestión, a Núñez nada le han enseñado los años: siempre cayó en los mismos errores que su antecesor.

El gabinete de Núñez, como el de Granier, estuvo conformado por amigos y familiares.

La experiencia del químico de permitir a su hijo Fabián entrometerse en los asuntos de su administración, la repitió Núñez con el agravante de que fue su esposa, Martha Lilia López Aguilera, la que cogobernó con él.

Lo curioso es que, aun con sus deficiencias y su incultura política, Granier solo quedó a deberle a personal de Salud 800 millones de pesos, pero dejó 700 millones en la Secretaría de Finanzas.

Núñez no solo no pudo cubrir una suma calculada en cuatro mil millones de pesos, sino que permitió un brutal saqueo en la Secretaría de Salud y permitió latrocinios como pagar 100 millones de pesos por un terreno en Paraíso que en realidad costó 40 millones de pesos.

En le evaluación que hacen los tabasqueños, Núñez salió peor que Granier. Eso quizá obedezca a que en 2012 la federación resolvió el problema del gobierno estatal y en el mismo mes de diciembre quedó cubierto todo y los trabajadores tuvieron su cena navideña.

En el caso de Núñez, será hasta mediados de este mes cuando se termine de pagar a empleados y jubilados que aún les adeudan prestaciones laborales.

Tras las elecciones de 2012, cuando el PRI perdió por primera vez la gubernatura, la mayoría de los tabasqueños abrigaba la esperanza de que la llegada de un personaje con una larga trayectoria en la administración y con una envidiable carrera en la capital del país, iba a sacar a Tabasco del barranco en que lo había metido el priísta Andrés Granier Melo.

La deducción era simple: el químico no era político y su único cargo de relevancia antes de llegar a la Quinta Grijalva era la alcaldía de Centro; su mayor gloria había sido hacer a Villahermosa un pueblo bicicletero.

En cambio Arturo Núñez Jiménez había sido por mucho tiempo el número dos de la poderosa Secretaría de Gobernación, y había colaborado con varios presidentes de la república.

Fundador del Instituto Federal Electoral (IFE), alumno del legendario Fernando Gutiérrez Barrios, Núñez no tenía competencia en la izquierda y mucho menos en el PRI, su ex partido.

Durante la campaña, en varias ocasiones Andrés Manuel López Obrador le levantó la mano para presentárselo a los tabasqueños como una persona honesta y el político más preparado para conducir a Tabasco en esos momentos de crisis.

Ya que ganó los comicios, en buena medida gracias a su arrastre como abanderado presidencial de la izquierda, AMLO les dijo en varias ocasiones a periodistas de la Ciudad de México que Núñez era “un gobernador de lujo”.

Parecía no existir comparación: con Granier, que le había entregado a Núñez, no había existido administración pública, pues los principales cargos de su gobierno habían sido para amigos y familiares.

A la larga, la inexperiencia del químico había resultado un cóctel explosivo que detonó a finales de su gestión, cuando se requirieron 800 millones de pesos adicionales el último mes para pagarles a trabajadores del sector salud.

Núñez aseveró desde el 31 de diciembre de 2012 que asumió el Ejecutivo que los “saqueadores” de Tabasco irían a la cárcel. Más aún: prometió que el Edén nunca más sería botín de nadie.

No había razón para no creerle: su trayectoria estaba colmada de laureles y llegó a Plaza de Armas como uno de los políticos más preparados de México, con una imagen en la academia que era para enorgullecer a su tierra.

No una. Varias veces el ahora presidente de México sostuvo que su paisano era un “gobernador de lujo”.

Visto los resultados de su gestión, a Núñez nada le han enseñado los años: siempre cayó en los mismos errores que su antecesor.

El gabinete de Núñez, como el de Granier, estuvo conformado por amigos y familiares.

La experiencia del químico de permitir a su hijo Fabián entrometerse en los asuntos de su administración, la repitió Núñez con el agravante de que fue su esposa, Martha Lilia López Aguilera, la que cogobernó con él.

Lo curioso es que, aun con sus deficiencias y su incultura política, Granier solo quedó a deberle a personal de Salud 800 millones de pesos, pero dejó 700 millones en la Secretaría de Finanzas.

Núñez no solo no pudo cubrir una suma calculada en cuatro mil millones de pesos, sino que permitió un brutal saqueo en la Secretaría de Salud y permitió latrocinios como pagar 100 millones de pesos por un terreno en Paraíso que en realidad costó 40 millones de pesos.

En le evaluación que hacen los tabasqueños, Núñez salió peor que Granier. Eso quizá obedezca a que en 2012 la federación resolvió el problema del gobierno estatal y en el mismo mes de diciembre quedó cubierto todo y los trabajadores tuvieron su cena navideña.

En el caso de Núñez, será hasta mediados de este mes cuando se termine de pagar a empleados y jubilados que aún les adeudan prestaciones laborales.

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