/ lunes 25 de marzo de 2019

Núñez fue su propio secretario de Gobierno

Políticos de diversas tendencias partidistas y aun colaboradores de Arturo Núñez Jiménez siguen sin hallar explicaciones ante su desastrosa gestión, pese a ser uno de los titulares del Ejecutivo más preparados y con la mayor experiencia en la administración pública que ha tenido Tabasco. Si encontrar respuesta, todos coinciden en algo: el exgobernador no será castigado, pues “supo hacer bien las cosas (para, presuntamente, robar a manos llenas)”.

Hay, incluso, quienes siguen sosteniendo que Núñez “es honeston” y que “las pillerías” las hizo su esposa, Martha Lilia López Aguilera, pues “ella se hizo cargo de las finanzas del estado con su pariente Amet Ramos”.

“Ella no quería volver a ser una muerta de hambre como en 2000 que su marido rompió con el PRI y tuvieron que vender hasta los muebles de la casa para poder medio comer”, dice un conocido del matrimonio.

Otro reputado observador político considera que el deplorable sexenio del “maestro” (sic) ocurrió porque mientras él se convirtió en secretario de Gobierno, dejó que la presidenta del DIF actuara como secretaria de Finanzas.

No había problema de política interna que no estuviera supervisado por el viejo político preparado en la Secretaría de Gobernación del régimen pasado, dice.

“Mira, el priísta Andrés Granier Melo se desatendió de la gubernatura entregándole la conducción política a su compadre Humberto Mayans Canabal y la parte financiera a su otro compadre Amilcar Salas”, explica.

Núñez, que siempre ha sido muy celoso en las actividades que ha desempeñado, quiso hacer valer su fama de operador político de lujo y relegó a sus secretarios de Gobierno e incluso al maquiavélico Gustavo Rosario Torres no lo dejó maniobrar a sus anchas, señala.

Pero mientras él se ocupaba de la gobernabilidad, permitía que su señora se encargara de las finanzas por medio de Amet Ramos.

Pero de tonto el perredista no tiene un pelo. Vea: un colaborador suyo le dice al columnista que su jefe siempre se preocupó porque las cuentas del estado las auditara continuamente la federación (por ley debe ser cada tres meses). “Te puedo asegurar que él (Núñez) tiene copias certificadas de los resultados favorables de los controles administrativos a su gobierno”.

“Y si Núñez autorizó las raterías que ya empiezan a salir, ten la seguridad que se cuidó que su nombre no apareciera manchado, y que si las actuales autoridades llegan al fondo, no podrán probarle nada”, comenta.

También, agrega el político, “tuvo el cuidado de que su esposa no aparezca en el cochinero de Amet Ramos”.

En síntesis, nadie entiende las causas por las que un político con una carrera brillante y que se jactaba de haber leído más de cinco mil libros, haya hecho un peor gobierno incluso que Andrés Granier, quien llegó a la Quinta Grijalva con la única experiencia de haber sido jefe del laboratorio del Sistema de Agua Potable y Alcantarillado (Sapaet) y alcalde de la capital.

Y Manuel Andrade Díaz, pupilo de Núñez, con la trayectoria de tan solo haber sido diputado plurinominal antes de ser mandatario, resultó un “estadista” en comparación con el viejo político al que se considera el alumno más aventajado de Fernando Gutiérrez Barrios, una de las joyas más preciadas que ha tenido el sistema político mexicano.

Políticos de diversas tendencias partidistas y aun colaboradores de Arturo Núñez Jiménez siguen sin hallar explicaciones ante su desastrosa gestión, pese a ser uno de los titulares del Ejecutivo más preparados y con la mayor experiencia en la administración pública que ha tenido Tabasco. Si encontrar respuesta, todos coinciden en algo: el exgobernador no será castigado, pues “supo hacer bien las cosas (para, presuntamente, robar a manos llenas)”.

Hay, incluso, quienes siguen sosteniendo que Núñez “es honeston” y que “las pillerías” las hizo su esposa, Martha Lilia López Aguilera, pues “ella se hizo cargo de las finanzas del estado con su pariente Amet Ramos”.

“Ella no quería volver a ser una muerta de hambre como en 2000 que su marido rompió con el PRI y tuvieron que vender hasta los muebles de la casa para poder medio comer”, dice un conocido del matrimonio.

Otro reputado observador político considera que el deplorable sexenio del “maestro” (sic) ocurrió porque mientras él se convirtió en secretario de Gobierno, dejó que la presidenta del DIF actuara como secretaria de Finanzas.

No había problema de política interna que no estuviera supervisado por el viejo político preparado en la Secretaría de Gobernación del régimen pasado, dice.

“Mira, el priísta Andrés Granier Melo se desatendió de la gubernatura entregándole la conducción política a su compadre Humberto Mayans Canabal y la parte financiera a su otro compadre Amilcar Salas”, explica.

Núñez, que siempre ha sido muy celoso en las actividades que ha desempeñado, quiso hacer valer su fama de operador político de lujo y relegó a sus secretarios de Gobierno e incluso al maquiavélico Gustavo Rosario Torres no lo dejó maniobrar a sus anchas, señala.

Pero mientras él se ocupaba de la gobernabilidad, permitía que su señora se encargara de las finanzas por medio de Amet Ramos.

Pero de tonto el perredista no tiene un pelo. Vea: un colaborador suyo le dice al columnista que su jefe siempre se preocupó porque las cuentas del estado las auditara continuamente la federación (por ley debe ser cada tres meses). “Te puedo asegurar que él (Núñez) tiene copias certificadas de los resultados favorables de los controles administrativos a su gobierno”.

“Y si Núñez autorizó las raterías que ya empiezan a salir, ten la seguridad que se cuidó que su nombre no apareciera manchado, y que si las actuales autoridades llegan al fondo, no podrán probarle nada”, comenta.

También, agrega el político, “tuvo el cuidado de que su esposa no aparezca en el cochinero de Amet Ramos”.

En síntesis, nadie entiende las causas por las que un político con una carrera brillante y que se jactaba de haber leído más de cinco mil libros, haya hecho un peor gobierno incluso que Andrés Granier, quien llegó a la Quinta Grijalva con la única experiencia de haber sido jefe del laboratorio del Sistema de Agua Potable y Alcantarillado (Sapaet) y alcalde de la capital.

Y Manuel Andrade Díaz, pupilo de Núñez, con la trayectoria de tan solo haber sido diputado plurinominal antes de ser mandatario, resultó un “estadista” en comparación con el viejo político al que se considera el alumno más aventajado de Fernando Gutiérrez Barrios, una de las joyas más preciadas que ha tenido el sistema político mexicano.

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