/ martes 8 de enero de 2019

Lo hizo quedar mal su recomendado

El fin de año concluyó el primer gobierno estatal salido de un partido diferente al PRI que, además, llegó al poder gracias a los buenos oficios de Andrés Manuel López Obrador. En paralelo inició el segundo titular del Ejecutivo propuesto a los tabasqueños por el ahora presidente de México.

En 2012 miles de electores le dieron la espalda al Revolucionario Institucional para acabar con todo lo malo que representaron ocho décadas de su hegemonía en la tierra de Carlos Pellicer.

Con datos duros puede afirmarse que la carta de la izquierda resultó peor: Arturo Núñez Jiménez no tuvo una mejor dirección que Andrés Granier Melo, quien está a punto de dejar la cárcel tras de que resultaran falsas las acusaciones nuñistas de que hundió al Edén por el “brutal saqueo” en su período.

Ser el segundo tabasqueño en asentarse a Plaza de Armas por mediación de AMLO constituye un duro reto para Adán Augusto López Hernández: tiene que demostrarle a sus gobernados que él sí será mejor que los priístas y que en este sexenio López Obrador no volvió a equivocarse.

El 31 de diciembre que culminó su mandato, Núñez no solo se llevó con él el mayor desprestigio que gobernador alguno se haya ganado a pulso en la historia reciente de Tabasco, sino también una parte de la credibilidad que Andrés Manuel tenía ante los ciudadanos.

Aun es muy temprano para evaluar el impacto de los negativos del ex Ejecutivo en la popularidad del presidente, pero sí es posible establecer que el grueso de los tabasqueños considera que el esposo de Martha Lilia López Aguilera llegó a administrar el estado gracias al respaldo del de Tepetitán.

En 2012 Núñez fue postulado a la gubernatura por la alianza partidista que nominó al tepetiteco a la presidencia, por lo cual su triunfo fue consecuencia de la popularidad de su paisano que por segunda vez competía por el Palacio Nacional.

El ex mandatario logró hacerse de la Quinta Grijalva por dos razones principales: 1) el efecto AMLO, que consiste en que se vote por todos los candidatos que aparezcan en la misma elección que aquel; y 2) por el empalago ciudadano de todo lo que sabía al viejo régimen tricolor.

En consecuencia, Núñez no nada más les quedó mal a sus paisanos que lo respaldaron por considerar que era diferente a los del PRI, sino también al dirigente nacional que dio la cara y puso el pecho por él.

Quizá la imagen del mandatario mexicano aún no recienta el rechazo que debe significar que lo consideren el padrino político de un pésimo gobernante, pero la prueba de fuego será si acepta o rechaza que lo sometan a juicio por la enorme corrupción que empieza a brotar a una semana de iniciado el segundo gobierno de la izquierda.

Por eso los tabasqueños acaso puedan pasar por alto que Núñez haya sido recomendado de López Obrador, pero posiblemente ya no soporten que siga vacacionando tan campante en el extranjero, como si fuera un asunto menor el daño que le hizo su gobierno a miles de burócratas que continúan sin cobrar completo su aguinaldo.

De paso, además de deformarle la corona de la honestidad valiente al presidente, Núñez reivindicó a Granier y a los regímenes priístas: ningún sector tabasqueño podrá negar que al Edén le fue mejor con el químico de profesión que en unos días podría dejar la cárcel.

Así que Adán Augusto enfrenta un enorme reto en los seis años menos una semana que le restan: persuadir a los tabasqueños que el suyo sí será un mejor gobierno que el de los priístas y el de Núñez (sobre todo esto último) y, por si fuera poco, desagraviar al mandatario López Obrador.

El fin de año concluyó el primer gobierno estatal salido de un partido diferente al PRI que, además, llegó al poder gracias a los buenos oficios de Andrés Manuel López Obrador. En paralelo inició el segundo titular del Ejecutivo propuesto a los tabasqueños por el ahora presidente de México.

En 2012 miles de electores le dieron la espalda al Revolucionario Institucional para acabar con todo lo malo que representaron ocho décadas de su hegemonía en la tierra de Carlos Pellicer.

Con datos duros puede afirmarse que la carta de la izquierda resultó peor: Arturo Núñez Jiménez no tuvo una mejor dirección que Andrés Granier Melo, quien está a punto de dejar la cárcel tras de que resultaran falsas las acusaciones nuñistas de que hundió al Edén por el “brutal saqueo” en su período.

Ser el segundo tabasqueño en asentarse a Plaza de Armas por mediación de AMLO constituye un duro reto para Adán Augusto López Hernández: tiene que demostrarle a sus gobernados que él sí será mejor que los priístas y que en este sexenio López Obrador no volvió a equivocarse.

El 31 de diciembre que culminó su mandato, Núñez no solo se llevó con él el mayor desprestigio que gobernador alguno se haya ganado a pulso en la historia reciente de Tabasco, sino también una parte de la credibilidad que Andrés Manuel tenía ante los ciudadanos.

Aun es muy temprano para evaluar el impacto de los negativos del ex Ejecutivo en la popularidad del presidente, pero sí es posible establecer que el grueso de los tabasqueños considera que el esposo de Martha Lilia López Aguilera llegó a administrar el estado gracias al respaldo del de Tepetitán.

En 2012 Núñez fue postulado a la gubernatura por la alianza partidista que nominó al tepetiteco a la presidencia, por lo cual su triunfo fue consecuencia de la popularidad de su paisano que por segunda vez competía por el Palacio Nacional.

El ex mandatario logró hacerse de la Quinta Grijalva por dos razones principales: 1) el efecto AMLO, que consiste en que se vote por todos los candidatos que aparezcan en la misma elección que aquel; y 2) por el empalago ciudadano de todo lo que sabía al viejo régimen tricolor.

En consecuencia, Núñez no nada más les quedó mal a sus paisanos que lo respaldaron por considerar que era diferente a los del PRI, sino también al dirigente nacional que dio la cara y puso el pecho por él.

Quizá la imagen del mandatario mexicano aún no recienta el rechazo que debe significar que lo consideren el padrino político de un pésimo gobernante, pero la prueba de fuego será si acepta o rechaza que lo sometan a juicio por la enorme corrupción que empieza a brotar a una semana de iniciado el segundo gobierno de la izquierda.

Por eso los tabasqueños acaso puedan pasar por alto que Núñez haya sido recomendado de López Obrador, pero posiblemente ya no soporten que siga vacacionando tan campante en el extranjero, como si fuera un asunto menor el daño que le hizo su gobierno a miles de burócratas que continúan sin cobrar completo su aguinaldo.

De paso, además de deformarle la corona de la honestidad valiente al presidente, Núñez reivindicó a Granier y a los regímenes priístas: ningún sector tabasqueño podrá negar que al Edén le fue mejor con el químico de profesión que en unos días podría dejar la cárcel.

Así que Adán Augusto enfrenta un enorme reto en los seis años menos una semana que le restan: persuadir a los tabasqueños que el suyo sí será un mejor gobierno que el de los priístas y el de Núñez (sobre todo esto último) y, por si fuera poco, desagraviar al mandatario López Obrador.

miércoles 17 de abril de 2019

Gobierno actual se queda sin “trofeo”

martes 16 de abril de 2019

Del odio a la incredulidad colectiva

viernes 12 de abril de 2019

Muere, gusano, muere

jueves 11 de abril de 2019

El carnicero Arturo Núñez

martes 09 de abril de 2019

Núñez: del cielo al suelo…

jueves 04 de abril de 2019

Núñez, prueba de vida para Morena

miércoles 03 de abril de 2019

Nada justifica la humillación a medios

Cargar Más