/ jueves 16 de junio de 2022

Entre líneas | PRI: “A perro flaco todo se le hacen pulgas”

Todo parece indicar que en esos días de expansión “cuatroteista” ser militante del PRI o dirigente se ha convertido en una actividad de riesgo extremo. Los audios reveladores de la inmundicia política acumulada durante décadas, vuelan arrojados desde diferentes trincheras contra el presidente del CEN, Alito Moreno, que aguanta la andanada externa, y el enemigo interno, lo mejor que puede.

Aunque según se observa se tambalea peligrosamente y se teme que de un momento al otro caiga al suelo como un jarrón chino de esos que están en las esquinas de las casonas viejas y que están destinados a romperse en mil pedazos sin posibilidad de unir los fragmentos que seguramente quedarán pulverizados. Y no solo en el CEN existen graves problemas sino que por poner un ejemplo en el PRI Tabasco un juez acaba de exigir que el 40 por ciento del dinero de las prerrogativas que les corresponden sea embargado para pagar unos laudos laborales que se han incumplido.

Más de 2 millones de pesos que dejarán en la lona la operatividad del tricolor durante por lo menos un año. Y cosas así pasan en toda la República y como nunca se hace cierto el refrán que asegura que “a perro flaco todo se le hacen pulgas” con todo el respeto para los perros, claro.

En el PAN ya se han dado cuenta de que esta situación de desprestigio solo genera desgaste y además es contagiosa por lo que están debatiendo a ver cómo se puede salir de esa alianza quedándose para algunas cosas y guardando distancias para cuando llegue la hora de la verdad electoral.

No se le puede reprochar nada al panismo. Total que la oposición afronta el peor de los escenarios en el que han perdido 4 a 2 en la última consulta y además no tienen dinero que es con lo único que saben moverse ya que ni candidato ni candidata tienen para levantar la bandera de “Sacar a MORENA de Palacio Nacional”, y construir una fuerza de coalición. En 1992 James Carville, el asesor del candidato Bill Clinton, acuñó la frase “¡Es la economía, estúpido!” para recordarle a su equipo que enfatizara la débil situación económica por la que entonces estaba atravesando el país. La frase terminó siendo el eslogan de esa campaña electoral que llevó a Clinton a la presidencia.

No hay que distraerse con otros temas: la situación económica es la clave para ganar —o perder— elecciones en 2024 en México. Pero la oposición anda en construir otras cosas. A los dirigentes del PRI y del PAN lo que les gusta es construir, pero casas, sus casas de su propiedad. Y eso en estos momentos se ve muy feo.

TODO LE PERDONAN

Y el presidente AMLO, no hay duda de que sigue tranquilamente con su agenda, y los mensajes que exacerban la conflictividad social que le sirven para motivar a su base y ayudan a que su partido consiga su mayoría en el 2024. Pero tampoco hay duda de que sus políticas y mensajes también pueden actuar como un potente combustible para enardecer y movilizar a su oposición, y hacerle perder la Cámara de Diputados, sino por un amplio margen si el suficiente. Han proliferado las teorías que intentan explicar la fuerte atracción que algunas personas sienten por políticos carismáticos a quienes apoyan incondicionalmente. En el caso de los seguidores de AMLO se han propuesto teorías psicológicas (la búsqueda de identidad, de dignidad), económicas (el aumento de la desigualdad), internacionales (la globalización) y sociológicas (el racismo), entre otras. Pero también es cierto que muchos de quienes apoyan al Presidente lo hacen porque les gustan algunas de sus propuestas y, a cambio de verlas hechas realidad, están dispuestos a perdonar acciones del mandatario que en otras circunstancias criticarían.

La economía mexicana, como la de la mayor parte de los países industrializados del mundo, está en franca recesión, pero el desempleo no es el más bajo en décadas como quieren engañarnos algunos economistas a sueldo. Y los salarios aumentan a un ritmo que permite afrontar la carestía con grandes dificultades pero sin que causen heridas mortales en ningún sector del tejido económico, ni social, gracias a las reservas que nos llegan de USA. López Obrador, por supuesto, hace frecuentes referencias a la economía, pero lo que arranca los aplausos más entusiastas de sus seguidores son las feroces críticas a los conservadores, a los periodistas (“los enemigos del pueblo”), y a los divisivos temas que el presidente tan hábilmente explota. Aunque las encuestas pronostican que al presidente en 2024 no le irá tan bien con su relevo como en las elecciones de 2018, lo cierto es que los sondeos indican que cerca del 60 por ciento de los votantes lo apoyan. Este es un número revelador. Quiere decir que un 60% de los mexicanos le perdonan a AMLO conductas y decisiones como manejar el país con sus “otros datos” que no concuerdan con los que maneja su propia administración. O la arbitrariedad de algunas de sus decisiones. A sus seguidores eso no les importa. Cabe notar, por supuesto, que muchos simpatizantes de Andrés Manuel sienten que no tienen nada que perdonarle, ya que aceptan, y hasta celebran, las conductas del presidente.

Todo parece indicar que en esos días de expansión “cuatroteista” ser militante del PRI o dirigente se ha convertido en una actividad de riesgo extremo. Los audios reveladores de la inmundicia política acumulada durante décadas, vuelan arrojados desde diferentes trincheras contra el presidente del CEN, Alito Moreno, que aguanta la andanada externa, y el enemigo interno, lo mejor que puede.

Aunque según se observa se tambalea peligrosamente y se teme que de un momento al otro caiga al suelo como un jarrón chino de esos que están en las esquinas de las casonas viejas y que están destinados a romperse en mil pedazos sin posibilidad de unir los fragmentos que seguramente quedarán pulverizados. Y no solo en el CEN existen graves problemas sino que por poner un ejemplo en el PRI Tabasco un juez acaba de exigir que el 40 por ciento del dinero de las prerrogativas que les corresponden sea embargado para pagar unos laudos laborales que se han incumplido.

Más de 2 millones de pesos que dejarán en la lona la operatividad del tricolor durante por lo menos un año. Y cosas así pasan en toda la República y como nunca se hace cierto el refrán que asegura que “a perro flaco todo se le hacen pulgas” con todo el respeto para los perros, claro.

En el PAN ya se han dado cuenta de que esta situación de desprestigio solo genera desgaste y además es contagiosa por lo que están debatiendo a ver cómo se puede salir de esa alianza quedándose para algunas cosas y guardando distancias para cuando llegue la hora de la verdad electoral.

No se le puede reprochar nada al panismo. Total que la oposición afronta el peor de los escenarios en el que han perdido 4 a 2 en la última consulta y además no tienen dinero que es con lo único que saben moverse ya que ni candidato ni candidata tienen para levantar la bandera de “Sacar a MORENA de Palacio Nacional”, y construir una fuerza de coalición. En 1992 James Carville, el asesor del candidato Bill Clinton, acuñó la frase “¡Es la economía, estúpido!” para recordarle a su equipo que enfatizara la débil situación económica por la que entonces estaba atravesando el país. La frase terminó siendo el eslogan de esa campaña electoral que llevó a Clinton a la presidencia.

No hay que distraerse con otros temas: la situación económica es la clave para ganar —o perder— elecciones en 2024 en México. Pero la oposición anda en construir otras cosas. A los dirigentes del PRI y del PAN lo que les gusta es construir, pero casas, sus casas de su propiedad. Y eso en estos momentos se ve muy feo.

TODO LE PERDONAN

Y el presidente AMLO, no hay duda de que sigue tranquilamente con su agenda, y los mensajes que exacerban la conflictividad social que le sirven para motivar a su base y ayudan a que su partido consiga su mayoría en el 2024. Pero tampoco hay duda de que sus políticas y mensajes también pueden actuar como un potente combustible para enardecer y movilizar a su oposición, y hacerle perder la Cámara de Diputados, sino por un amplio margen si el suficiente. Han proliferado las teorías que intentan explicar la fuerte atracción que algunas personas sienten por políticos carismáticos a quienes apoyan incondicionalmente. En el caso de los seguidores de AMLO se han propuesto teorías psicológicas (la búsqueda de identidad, de dignidad), económicas (el aumento de la desigualdad), internacionales (la globalización) y sociológicas (el racismo), entre otras. Pero también es cierto que muchos de quienes apoyan al Presidente lo hacen porque les gustan algunas de sus propuestas y, a cambio de verlas hechas realidad, están dispuestos a perdonar acciones del mandatario que en otras circunstancias criticarían.

La economía mexicana, como la de la mayor parte de los países industrializados del mundo, está en franca recesión, pero el desempleo no es el más bajo en décadas como quieren engañarnos algunos economistas a sueldo. Y los salarios aumentan a un ritmo que permite afrontar la carestía con grandes dificultades pero sin que causen heridas mortales en ningún sector del tejido económico, ni social, gracias a las reservas que nos llegan de USA. López Obrador, por supuesto, hace frecuentes referencias a la economía, pero lo que arranca los aplausos más entusiastas de sus seguidores son las feroces críticas a los conservadores, a los periodistas (“los enemigos del pueblo”), y a los divisivos temas que el presidente tan hábilmente explota. Aunque las encuestas pronostican que al presidente en 2024 no le irá tan bien con su relevo como en las elecciones de 2018, lo cierto es que los sondeos indican que cerca del 60 por ciento de los votantes lo apoyan. Este es un número revelador. Quiere decir que un 60% de los mexicanos le perdonan a AMLO conductas y decisiones como manejar el país con sus “otros datos” que no concuerdan con los que maneja su propia administración. O la arbitrariedad de algunas de sus decisiones. A sus seguidores eso no les importa. Cabe notar, por supuesto, que muchos simpatizantes de Andrés Manuel sienten que no tienen nada que perdonarle, ya que aceptan, y hasta celebran, las conductas del presidente.