/ martes 31 de mayo de 2022

Entre líneas | Mucho más que unas elecciones locales: El principio del futuro que nos espera

“El 2 de julio del año 2000, México ingresó al conjunto de países regidos por un gobierno surgido de elecciones limpias, libres y competidas por primera vez en su larga historia. Luego de setenta años de gobiernos electos en el contexto de un régimen de partido único que controlaba los resortes de poder estatal, las elecciones intermedias de 1997 y las nacionales de 2000 fueron las primeras en las cuales la competencia abierta y el sufragio universal libre y secreto permitieron traducir preferencias individuales en una decisión colectiva de manera no distorsionada (Becerra, Salazar y Woldenberg, 2000)”. En las próximas elecciones de junio, aunque solo se celebran en seis estados (Aguascalientes, Durango, Hidalgo Oaxaca Quintana Roo y Tamaulipas) nos jugamos una situación similar ya que tendremos que elegir entre la vieja, o antigua, estructura política compuesta por los partidos tradicionales (PRI, PAN Y PRD casi casi en coalición) más a MORENA que comandada por el presidente AMLO, rompió con todas las expectativas y se convirtió en el movimiento más grande de todo los tiempos en México. Las encuestas son dudosas pero mantienen la tendencia al triunfo de MORENA en cuatro estados. Es innegable que estas elecciones no se pueden considerar como estrictamente locales ya que el resultado influirá definitivamente en lo que ocurra en el 2024 cuando en México se juegue la Presidencia de la República. Por eso los partidos y coaliciones están poniendo “toda la carne en el asador”. Todos los candidatos y candidatas se han reforzado con compañeros de otros estados para los últimos días de campaña, incluyendo al secretario de Gobernación, Adán Augusto López Hernández, que por otra parte tiene la responsabilidad de que la consulta se celebre en paz y con todas las garantías. La denominada 4T nos pide entregarle, de nuevo, nuestra confianza a MORENA por al menos tres años más para que pueda consolidar sus propuestas y cambios sin apenas oposición, ni contratiempos. Desde ciertas posiciones políticas se ha criticado al secretario por visitar los estados en campaña y apoyar a los candidatos de su partido sin tener en cuenta que su actividad proselitista se ha realizado en días NO laborables y sin tener en cuenta que AALH sigue siendo ciudadano. La oposición nos dice que ya hemos visto lo que podemos esperar de MORENA y es necesario comenzar a quitarles nichos de poder desde ya. En este contexto no es sorprendente que diversos estudios hayan calificado a la cultura política mexicana como heredera de una tradición marcadamente autoritaria. Repetidamente, se ha mostrado cómo los ciudadanos mexicanos no están contentos con su Gobierno y su clase política, y cuando se intenta explicar este malestar, se suele argumentar que el Gobierno no es eficaz, lo que dificulta la situación económica y de seguridad. Sin embargo, los datos empíricos sólo confirman esa hipótesis limitadamente, pues sí parece haber una relación entre la evaluación del Gobierno y la percepción subjetiva de economía y seguridad, pero dicha relación desaparece cuando se sustituye la percepción de ambos temas por datos objetivos sobre ellos. El desempeño del Gobierno no parece, entonces, ser la única causa de su desaprobación. Y los ciudadanos se manifiestan una y otra y otra y otra vez satisfechos con su Presidente AMLO de forma mayoritaria, más cerca del 70 por ciento que del 60. Los ciudadanos esperan mucho más que sólo funcionarios eficientes, pues desean ver en ellos a figuras morales y líderes que sean ejemplos de civismo. El incumplimiento de estas demandas morales parece determinar mucho del descontento ciudadano hacia los políticos e instituciones, al menos respecto al desempeño de los funcionarios. Este es el punto que la actual clase política no quiere ver: Necesitamos y exigimos gente que se crea lo que dice y haga lo que se cree. Y esto se puede ver claramente en la opinión que tienen los ciudadanos con su presidente mientras que la oposición no logra ni unirse ni elegir un o una candidato/a única. Con ideas muy arraigadas en la ciencia política, pues la secularización del Estado suele reducir a los gobernantes a meros tomadores de decisiones desprovistos de toda sacralidad, cuando los ciudadanos queremos ideas que provengan de la sociología, historia y antropología, que describen un ejercicio del poder político lleno de connotaciones morales y simbólicas. Tenemos una ciudadanía insatisfecha con la democracia que hemos construido, pero sin nuevas propuestas y no se perciben acciones contundentes orientadas tanto a ordenar el caos político como a mejorar la calidad de vida, que es por lo que finalmente hemos votado. Quedan pocos días para que se ajusten los discursos y nos convenzan de la buena fe de sus propuestas y la creencia en sus proyectos. Pero si no hay sinceridad ni respeto con el elector tengan por seguro que esto ya no es lo que era en el 2019. Se terminaron los cheques en blanco y las fotos en negro.

“El 2 de julio del año 2000, México ingresó al conjunto de países regidos por un gobierno surgido de elecciones limpias, libres y competidas por primera vez en su larga historia. Luego de setenta años de gobiernos electos en el contexto de un régimen de partido único que controlaba los resortes de poder estatal, las elecciones intermedias de 1997 y las nacionales de 2000 fueron las primeras en las cuales la competencia abierta y el sufragio universal libre y secreto permitieron traducir preferencias individuales en una decisión colectiva de manera no distorsionada (Becerra, Salazar y Woldenberg, 2000)”. En las próximas elecciones de junio, aunque solo se celebran en seis estados (Aguascalientes, Durango, Hidalgo Oaxaca Quintana Roo y Tamaulipas) nos jugamos una situación similar ya que tendremos que elegir entre la vieja, o antigua, estructura política compuesta por los partidos tradicionales (PRI, PAN Y PRD casi casi en coalición) más a MORENA que comandada por el presidente AMLO, rompió con todas las expectativas y se convirtió en el movimiento más grande de todo los tiempos en México. Las encuestas son dudosas pero mantienen la tendencia al triunfo de MORENA en cuatro estados. Es innegable que estas elecciones no se pueden considerar como estrictamente locales ya que el resultado influirá definitivamente en lo que ocurra en el 2024 cuando en México se juegue la Presidencia de la República. Por eso los partidos y coaliciones están poniendo “toda la carne en el asador”. Todos los candidatos y candidatas se han reforzado con compañeros de otros estados para los últimos días de campaña, incluyendo al secretario de Gobernación, Adán Augusto López Hernández, que por otra parte tiene la responsabilidad de que la consulta se celebre en paz y con todas las garantías. La denominada 4T nos pide entregarle, de nuevo, nuestra confianza a MORENA por al menos tres años más para que pueda consolidar sus propuestas y cambios sin apenas oposición, ni contratiempos. Desde ciertas posiciones políticas se ha criticado al secretario por visitar los estados en campaña y apoyar a los candidatos de su partido sin tener en cuenta que su actividad proselitista se ha realizado en días NO laborables y sin tener en cuenta que AALH sigue siendo ciudadano. La oposición nos dice que ya hemos visto lo que podemos esperar de MORENA y es necesario comenzar a quitarles nichos de poder desde ya. En este contexto no es sorprendente que diversos estudios hayan calificado a la cultura política mexicana como heredera de una tradición marcadamente autoritaria. Repetidamente, se ha mostrado cómo los ciudadanos mexicanos no están contentos con su Gobierno y su clase política, y cuando se intenta explicar este malestar, se suele argumentar que el Gobierno no es eficaz, lo que dificulta la situación económica y de seguridad. Sin embargo, los datos empíricos sólo confirman esa hipótesis limitadamente, pues sí parece haber una relación entre la evaluación del Gobierno y la percepción subjetiva de economía y seguridad, pero dicha relación desaparece cuando se sustituye la percepción de ambos temas por datos objetivos sobre ellos. El desempeño del Gobierno no parece, entonces, ser la única causa de su desaprobación. Y los ciudadanos se manifiestan una y otra y otra y otra vez satisfechos con su Presidente AMLO de forma mayoritaria, más cerca del 70 por ciento que del 60. Los ciudadanos esperan mucho más que sólo funcionarios eficientes, pues desean ver en ellos a figuras morales y líderes que sean ejemplos de civismo. El incumplimiento de estas demandas morales parece determinar mucho del descontento ciudadano hacia los políticos e instituciones, al menos respecto al desempeño de los funcionarios. Este es el punto que la actual clase política no quiere ver: Necesitamos y exigimos gente que se crea lo que dice y haga lo que se cree. Y esto se puede ver claramente en la opinión que tienen los ciudadanos con su presidente mientras que la oposición no logra ni unirse ni elegir un o una candidato/a única. Con ideas muy arraigadas en la ciencia política, pues la secularización del Estado suele reducir a los gobernantes a meros tomadores de decisiones desprovistos de toda sacralidad, cuando los ciudadanos queremos ideas que provengan de la sociología, historia y antropología, que describen un ejercicio del poder político lleno de connotaciones morales y simbólicas. Tenemos una ciudadanía insatisfecha con la democracia que hemos construido, pero sin nuevas propuestas y no se perciben acciones contundentes orientadas tanto a ordenar el caos político como a mejorar la calidad de vida, que es por lo que finalmente hemos votado. Quedan pocos días para que se ajusten los discursos y nos convenzan de la buena fe de sus propuestas y la creencia en sus proyectos. Pero si no hay sinceridad ni respeto con el elector tengan por seguro que esto ya no es lo que era en el 2019. Se terminaron los cheques en blanco y las fotos en negro.