/ sábado 20 de julio de 2019

Educación “antiviolencia”

El gobernador Adán Augusto López Hernández reiteró ayer que “no se ha ganado la batalla contra la delincuencia” y confirmó el lamentable hecho en el que un niño de 12 años perdió la vida al oponer resistencia en un asalto con violencia en el municipio de Cárdenas y detalló: “lamentablemente el suceso, fue un asalto a un establecimiento mercantil, una tienda de abarrotes y en el asalto fue asesinado un menor de edad, hijo del dueño de la tienda, quien en ese momento atendía el establecimiento de su padre, pues, no estamos exentos, ni Tabasco, ni ningún del rincón del país de algún acto de violencia, yo ahí, de acuerdo a la indagatoria que conozco; fue un asalto, el niño, el menor atendía la tienda de sus padres y el menor, intenta, aparentemente, porque no tenemos más datos, resistirse de alguna manera, no entregar el dinero, producto de las ventas y le disparan con una pistola calibre 45…”

El atroz hecho criminal resulta doloroso por donde se le quiera ver, sin entrar a la definición patológica de personas desprovistas de modelos de valores, de la mínima educación y en el que asesinar a un menor de edad, a un niño, que se encontraba trabajando, ayudando a la economía de sus padres o probablemente condicionada para ganar una salida al cine, al parque, unas pequeñas vacaciones o incluso para los útiles escolares de su regreso a clases –que ya no tendrá nunca más- y por otra parte, sin satanizar, ni ir más allá de lo estrictamente familiar, en un momento de dolor, ¿quién puede confiar a su hijo, en un municipio como Cárdenas, la responsabilidad de atender aunque sea un instante un negocio, por muy pequeño o familiar que este sea?

El hecho debe llevar a muchos planteamientos en el que cada parte tiene que asumir su propia responsabilidad y no sumarse a lamentos mediáticos que no sirven de mucho, porque no devolverán la vida a ese menor y a muchos que murieron en los últimos años.

Ahora está abierto un debate sobre la reducción de regidores en los municipios –lo que es todo un acierto- pero lo mismo debería ocurrir en los congresos estatales y en el Congreso de la Unión porque cuando suceden hechos tan terribles como el referido es donde ellos deben de tomar la iniciativa y abrir una discusión nacional para implementar medidas que combatan con efectividad la violencia, no lo hacen.

El Presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador en diciembre pasado pidió ayuda hasta a las madrecitas para disminuir la violencia: “las madres quieren mucho a los hijos y nunca una madre va a aceptar que un hijo comete un ilícito”. Hace cuatro días, él mismo reconoció: “En el caso de la violencia no hemos podido avanzar”.

¿Y que proponen legisladores?

Casi nada o nada.

¿Merece un delincuente que asesina a quemarropa con una pistola calibre 45 a un menor indefenso –en el caso de que lo aprehendan- consideraciones especiales? Y las tendrá por el sistema legal que lo procesará, si lo atrapan.

¿Podría ser el momento de endurecer las penas y en casos excepcionales como este contemplar, previa reforma de ley, una sanción equivalente a la pena de muerte?

Nadie sabe de qué tamaño es el dolor de una familia hasta que toca vivirlo en carne propia. Nadie está en la piel de esa familia que perdió a un hijo, a un pequeño.

El título de la colaboración de este día me hizo recordar a un amigo, docente de profesión, a quien durante un asalto con violencia en su propio hogar –hace casi una década- ubicado a las afueras de Villahermosa, cuando sometían a su esposa y sus tres hijos menores de edad, uno de los encapuchados les gritó que cerraran los ojos, instrucción que inmediatamente acataron, pensando, que ocurriría lo peor, “afortunadamente” solo los asaltaron.

A partir de ahí, la recomendación de ese padre era que ante otro hecho similar, evitaran mirar la cara del delincuente y en todo caso “no oponer resistencia” lo más triste de esa historia es que esa familia volvió a enfrentar un par de robos en esa misma casa, en uno de ellos, sin que estuvieran presentes.

Así ahora.

CONTORNO

¿Felices vacaciones?

El gobernador Adán Augusto López Hernández reiteró ayer que “no se ha ganado la batalla contra la delincuencia” y confirmó el lamentable hecho en el que un niño de 12 años perdió la vida al oponer resistencia en un asalto con violencia en el municipio de Cárdenas y detalló: “lamentablemente el suceso, fue un asalto a un establecimiento mercantil, una tienda de abarrotes y en el asalto fue asesinado un menor de edad, hijo del dueño de la tienda, quien en ese momento atendía el establecimiento de su padre, pues, no estamos exentos, ni Tabasco, ni ningún del rincón del país de algún acto de violencia, yo ahí, de acuerdo a la indagatoria que conozco; fue un asalto, el niño, el menor atendía la tienda de sus padres y el menor, intenta, aparentemente, porque no tenemos más datos, resistirse de alguna manera, no entregar el dinero, producto de las ventas y le disparan con una pistola calibre 45…”

El atroz hecho criminal resulta doloroso por donde se le quiera ver, sin entrar a la definición patológica de personas desprovistas de modelos de valores, de la mínima educación y en el que asesinar a un menor de edad, a un niño, que se encontraba trabajando, ayudando a la economía de sus padres o probablemente condicionada para ganar una salida al cine, al parque, unas pequeñas vacaciones o incluso para los útiles escolares de su regreso a clases –que ya no tendrá nunca más- y por otra parte, sin satanizar, ni ir más allá de lo estrictamente familiar, en un momento de dolor, ¿quién puede confiar a su hijo, en un municipio como Cárdenas, la responsabilidad de atender aunque sea un instante un negocio, por muy pequeño o familiar que este sea?

El hecho debe llevar a muchos planteamientos en el que cada parte tiene que asumir su propia responsabilidad y no sumarse a lamentos mediáticos que no sirven de mucho, porque no devolverán la vida a ese menor y a muchos que murieron en los últimos años.

Ahora está abierto un debate sobre la reducción de regidores en los municipios –lo que es todo un acierto- pero lo mismo debería ocurrir en los congresos estatales y en el Congreso de la Unión porque cuando suceden hechos tan terribles como el referido es donde ellos deben de tomar la iniciativa y abrir una discusión nacional para implementar medidas que combatan con efectividad la violencia, no lo hacen.

El Presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador en diciembre pasado pidió ayuda hasta a las madrecitas para disminuir la violencia: “las madres quieren mucho a los hijos y nunca una madre va a aceptar que un hijo comete un ilícito”. Hace cuatro días, él mismo reconoció: “En el caso de la violencia no hemos podido avanzar”.

¿Y que proponen legisladores?

Casi nada o nada.

¿Merece un delincuente que asesina a quemarropa con una pistola calibre 45 a un menor indefenso –en el caso de que lo aprehendan- consideraciones especiales? Y las tendrá por el sistema legal que lo procesará, si lo atrapan.

¿Podría ser el momento de endurecer las penas y en casos excepcionales como este contemplar, previa reforma de ley, una sanción equivalente a la pena de muerte?

Nadie sabe de qué tamaño es el dolor de una familia hasta que toca vivirlo en carne propia. Nadie está en la piel de esa familia que perdió a un hijo, a un pequeño.

El título de la colaboración de este día me hizo recordar a un amigo, docente de profesión, a quien durante un asalto con violencia en su propio hogar –hace casi una década- ubicado a las afueras de Villahermosa, cuando sometían a su esposa y sus tres hijos menores de edad, uno de los encapuchados les gritó que cerraran los ojos, instrucción que inmediatamente acataron, pensando, que ocurriría lo peor, “afortunadamente” solo los asaltaron.

A partir de ahí, la recomendación de ese padre era que ante otro hecho similar, evitaran mirar la cara del delincuente y en todo caso “no oponer resistencia” lo más triste de esa historia es que esa familia volvió a enfrentar un par de robos en esa misma casa, en uno de ellos, sin que estuvieran presentes.

Así ahora.

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