/ viernes 12 de julio de 2019

Continuará el caos

Si el incremento autorizado por la presente administración al costo en el pasaje del transporte público, se tradujera en un mejor servicio de parte de los propietarios de las concesiones que da el gobierno, creo que no habría mayor descontento entre la población.

Es más, me atrevo a decir: que pagarían gustosamente.

El problema es que la situación caótica que desde hace años priva en el transporte público no solo no va a cambiar, sino que lo más seguro, es que siga empeorando.

Los choferes, con sus contadísimas excepciones, seguirán comportándose groseramente con los usuarios. Las unidades seguirán en pésimas condiciones y los piratas continuarán chambeando.

En pocas palabras: el desorden no terminará.

No ha habido y sigue sin haber, autoridad alguna que meta en cintura a los transportistas.

Si bien es cierto, que es muy poco el tiempo, para que las titulares de Movilidad y de la Policía Estatal de Caminos (PEC), Egla Cornelio Landero y Julissa Riveroll Ochoa, respectivamente, entreguen buenos resultados; también es cierto, que no han estado a la altura de las actuales condiciones y circunstancias.

Todavía no se nota alguna mejoría en una u otra dependencia. Siguen los mismos vicios y las mismas prácticas mañosas de antaño.

Literalmente, han dejado muchísimo que desear, principalmente, la directora de la PEC, que tiene menos bronca -por obvias y sobradas razones- que enfrentar que su congénere.

La gente que por necesidad paga por cualesquiera de las modalidades del transporte que utiliza para trasladarse a sus centros de trabajo o de estudios, tendrá que seguir soportando no nada más las malas condiciones de las unidades -algunas verdaderas chatarras, pese a que la ley los prohíbe- sino los atropellos que cotidianamente padecen por el desgarriate existente.

Una y otra dependencia necesita aplicar con rigor las normas existentes en la materia, y terminar de una vez por todas con las corruptelas que prevalecen en el grueso de los burócratas que laboran en las dependencias de Movilidad y de la PEC.

Y de paso, dotar de los insumos necesarios, espacios dignos y, mejores incentivos a sus trabajadores.

Mientras ello no suceda, las cosas irán de mal en peor, como hasta ahora.

Si el incremento autorizado por la presente administración al costo en el pasaje del transporte público, se tradujera en un mejor servicio de parte de los propietarios de las concesiones que da el gobierno, creo que no habría mayor descontento entre la población.

Es más, me atrevo a decir: que pagarían gustosamente.

El problema es que la situación caótica que desde hace años priva en el transporte público no solo no va a cambiar, sino que lo más seguro, es que siga empeorando.

Los choferes, con sus contadísimas excepciones, seguirán comportándose groseramente con los usuarios. Las unidades seguirán en pésimas condiciones y los piratas continuarán chambeando.

En pocas palabras: el desorden no terminará.

No ha habido y sigue sin haber, autoridad alguna que meta en cintura a los transportistas.

Si bien es cierto, que es muy poco el tiempo, para que las titulares de Movilidad y de la Policía Estatal de Caminos (PEC), Egla Cornelio Landero y Julissa Riveroll Ochoa, respectivamente, entreguen buenos resultados; también es cierto, que no han estado a la altura de las actuales condiciones y circunstancias.

Todavía no se nota alguna mejoría en una u otra dependencia. Siguen los mismos vicios y las mismas prácticas mañosas de antaño.

Literalmente, han dejado muchísimo que desear, principalmente, la directora de la PEC, que tiene menos bronca -por obvias y sobradas razones- que enfrentar que su congénere.

La gente que por necesidad paga por cualesquiera de las modalidades del transporte que utiliza para trasladarse a sus centros de trabajo o de estudios, tendrá que seguir soportando no nada más las malas condiciones de las unidades -algunas verdaderas chatarras, pese a que la ley los prohíbe- sino los atropellos que cotidianamente padecen por el desgarriate existente.

Una y otra dependencia necesita aplicar con rigor las normas existentes en la materia, y terminar de una vez por todas con las corruptelas que prevalecen en el grueso de los burócratas que laboran en las dependencias de Movilidad y de la PEC.

Y de paso, dotar de los insumos necesarios, espacios dignos y, mejores incentivos a sus trabajadores.

Mientras ello no suceda, las cosas irán de mal en peor, como hasta ahora.

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