/ viernes 31 de mayo de 2024

Artilugios | LAS PESQUISAS COMENZARON EN BAKER STREET, de Jairo Buitrago

El señor Jairo Buitrago escribe un libro titulado Las pesquisas comenzaron en Baker Street. En él, este singular escritor, decide contarnos un cuento policiaco y ofrecer un panorama de lo que es la Literatura policiaca a través de sus inicios. A ver, de entrada ¿quién es el señor Jairo Buitrago? Veamos.

Jairo Buitrago es un escritor e ilustrador colombiano de literatura infantil. Además de su labor literaria, se ha interesado también por la investigación en cinematografía y dicta constantemente talleres de escritura e ilustración. Empezó a publicar libros infantiles en el año 2006, con su primer título El señor L.Fante, y fue el ganador del XI Concurso de Álbum Ilustrado, en el 2007. A partir de esto, en los últimos años ha escrito más de 20 libros infantiles en coautoría con ilustradores colombianos y extranjeros, y ha sido galardonado con varios premios de literatura infantil.

Buenas noticias. Es algo muy interesante que alguien se dedique al Fomento a la lectura para niños y jóvenes. Sin embargo, el libro que nos ocupa se ha desfasado. En la primera parte, las aventuras de un detective colombiano, el señor Ambrosio M. Durán quien, cómo no, tiene una agencia de detectives ofrece un muy descuidado caso que no lo quisiera ni un policía mexicano. El joven narrador se enfrasca en un detallado caso que nos cuenta en muy pocas páginas, convirtiendo el hecho literario en una novelita, muy corta tanto de extensión física como de extensión temática.

Pero no es de la novelita de la que vamos a contar, artilugista que me lees. Voy a hablarte de la investigación o ensayo, igualmente corto de las extensiones antes señaladas como lo es su cuento.

Escribe Buitrago de los detectives de la antigüedad, de la muy antigua antigüedad. Nos señala a Gordiano, el sabueso, creación del escritor Steven Taylor. Oh, me dije apenas leí este primer capítulo. De él no sabía nada.

Más adelante, Buitrago da otro pie, pie forzado habría que decir. Entromete al detective Guillermo de Baskerville, la creación de Eco en su novela El nombre de la rosa, pero igualmente habla sobre el mismísimo Aristóteles en la novela de Margaret Doody titulada, así como quien no quiere la cosa, Aristóteles detective. Deploro que Buitrago no agregue en su ya derrengado catálogo la novela de Daniel Chavarría, El ojo dyndimenio, donde Sócrates no solo da cátedra del banquete o de otros diálogos de Platón sino que además resuelve el caso del robo de una joya. Sí, esa es una de las aristas que no dibuja Buitrago. Los relatos policiacos no tienen que ser decididamente sobre asesinatos. El robo, el secuestro, según nos ha venido a demostrar nuestra realidad, son parte del canon criminal. Sigamos con el escrutinio del señor Buitrago.

Toca el tema del matrimonio de detectives conformado por Thomas Pitt y su esposa Charlotte, salidos de la imaginación de Anne Perry, la escritora que pasó varios años en la cárcel por el asesinato de la madre de su amiga, Pauline Walker. Anne, el seudónimo que es su caballito de batalla es el que le dio fama como escritora de novelas policiacas.

Por otro lado, Buitrago opone algunos datos describiendo el género con mucha timidez. Por ejemplo, merecía más la biografía del señor Vidocq, fundador de la Surete de Francia. Vidocq es un personaje no solo real sino literario. Fue un hombre que se volvió policía después de ser ladrón. Decía que para atrapar a un criminal, hace falta otro. No fue fácil su arribo a la Comisión de Policía, después la Surete, porque en su pasado fue ladrón, aventurero, actor, trapecista, así como amanuense de muchos señores importantes de los que se apartó no sin antes esquilmar su fortuna.

Algo que me dio mucho gusto fue que volteara a ver hacia nuestro país con uno de los más olvidados detectives, el genial Peter Pérez, detective mental, del meritito Peralvillo, creación del escritor Pepe Martínez de la Vega. Este detective fue inmortalizado en cine y televisión por dos actores demasiado distintos, Antonio Espino, Clavillazo y Guillermo Orea respectivamente. Duerme en un catre, tiene un ladrillo por almohada y desayuna o cena unos deliciosos bisquets con café con leche del café de chinos que huno muchos por esos tiempos.

Y al fin, porque pareciera ser ese el objetivo principal, llega el señor Buitrago a Los crímenes de la calle Morgue donde da con el abuelito de todos los detectives del mundo, el caballero Auguste Dupin. Qué coincidencias da esta vida. No hace poco en otro Artilugio di cuenta de un personaje de la novela Conjura en la Arcadia que admira a este personaje convirtiéndolo en su seudónimo.

No nos quepa duda, Dupin es el primer detective que desenlaza el crimen de madre e hija que no cometió un ser humano sino un gorila. Después aparecen de la pluma de Allan Poe otros giros detectivescos, Las aventuras de Arthur Gordon Pym y sus cuentos donde agrega a su exquisito mundo detectivesco las duras expresiones de la fantasía, del terror, del acelerado fluir del pensamiento.

Buitrago, creo, debería ser más exhaustivo en su análisis. Claro, la editorial que lo cobija es Norma que se da por el lado adolescente convirtiendo la Literatura más amplia en un bocadillo. Sin embargo, por muy juvenil que resulte este tipo de ediciones, decir que Edgar Allan Poe nació en 1808 y murió en 1959 le da una vida de 151 años que hubiera sido fabuloso porque al morir a esa edad el maestro Poe, no existirían quizá Stephen King o Georges Simenon. Por cierto, ambos ausentes en el texto de Buitrago.

No quisiera extenderme más porque el propósito de estos Artilugios es recomendar buenas lecturas, películas, obras de teatro o piezas musicales que entretengan al respetable. Descuidadamente, el señor Jairo Buitrago no nos da más que elementos de crítica que no debemos olvidar porque de un mal libro saldrá una buena reseña.

Y aquí lo dejamos porque sí me pasé.

El señor Jairo Buitrago escribe un libro titulado Las pesquisas comenzaron en Baker Street. En él, este singular escritor, decide contarnos un cuento policiaco y ofrecer un panorama de lo que es la Literatura policiaca a través de sus inicios. A ver, de entrada ¿quién es el señor Jairo Buitrago? Veamos.

Jairo Buitrago es un escritor e ilustrador colombiano de literatura infantil. Además de su labor literaria, se ha interesado también por la investigación en cinematografía y dicta constantemente talleres de escritura e ilustración. Empezó a publicar libros infantiles en el año 2006, con su primer título El señor L.Fante, y fue el ganador del XI Concurso de Álbum Ilustrado, en el 2007. A partir de esto, en los últimos años ha escrito más de 20 libros infantiles en coautoría con ilustradores colombianos y extranjeros, y ha sido galardonado con varios premios de literatura infantil.

Buenas noticias. Es algo muy interesante que alguien se dedique al Fomento a la lectura para niños y jóvenes. Sin embargo, el libro que nos ocupa se ha desfasado. En la primera parte, las aventuras de un detective colombiano, el señor Ambrosio M. Durán quien, cómo no, tiene una agencia de detectives ofrece un muy descuidado caso que no lo quisiera ni un policía mexicano. El joven narrador se enfrasca en un detallado caso que nos cuenta en muy pocas páginas, convirtiendo el hecho literario en una novelita, muy corta tanto de extensión física como de extensión temática.

Pero no es de la novelita de la que vamos a contar, artilugista que me lees. Voy a hablarte de la investigación o ensayo, igualmente corto de las extensiones antes señaladas como lo es su cuento.

Escribe Buitrago de los detectives de la antigüedad, de la muy antigua antigüedad. Nos señala a Gordiano, el sabueso, creación del escritor Steven Taylor. Oh, me dije apenas leí este primer capítulo. De él no sabía nada.

Más adelante, Buitrago da otro pie, pie forzado habría que decir. Entromete al detective Guillermo de Baskerville, la creación de Eco en su novela El nombre de la rosa, pero igualmente habla sobre el mismísimo Aristóteles en la novela de Margaret Doody titulada, así como quien no quiere la cosa, Aristóteles detective. Deploro que Buitrago no agregue en su ya derrengado catálogo la novela de Daniel Chavarría, El ojo dyndimenio, donde Sócrates no solo da cátedra del banquete o de otros diálogos de Platón sino que además resuelve el caso del robo de una joya. Sí, esa es una de las aristas que no dibuja Buitrago. Los relatos policiacos no tienen que ser decididamente sobre asesinatos. El robo, el secuestro, según nos ha venido a demostrar nuestra realidad, son parte del canon criminal. Sigamos con el escrutinio del señor Buitrago.

Toca el tema del matrimonio de detectives conformado por Thomas Pitt y su esposa Charlotte, salidos de la imaginación de Anne Perry, la escritora que pasó varios años en la cárcel por el asesinato de la madre de su amiga, Pauline Walker. Anne, el seudónimo que es su caballito de batalla es el que le dio fama como escritora de novelas policiacas.

Por otro lado, Buitrago opone algunos datos describiendo el género con mucha timidez. Por ejemplo, merecía más la biografía del señor Vidocq, fundador de la Surete de Francia. Vidocq es un personaje no solo real sino literario. Fue un hombre que se volvió policía después de ser ladrón. Decía que para atrapar a un criminal, hace falta otro. No fue fácil su arribo a la Comisión de Policía, después la Surete, porque en su pasado fue ladrón, aventurero, actor, trapecista, así como amanuense de muchos señores importantes de los que se apartó no sin antes esquilmar su fortuna.

Algo que me dio mucho gusto fue que volteara a ver hacia nuestro país con uno de los más olvidados detectives, el genial Peter Pérez, detective mental, del meritito Peralvillo, creación del escritor Pepe Martínez de la Vega. Este detective fue inmortalizado en cine y televisión por dos actores demasiado distintos, Antonio Espino, Clavillazo y Guillermo Orea respectivamente. Duerme en un catre, tiene un ladrillo por almohada y desayuna o cena unos deliciosos bisquets con café con leche del café de chinos que huno muchos por esos tiempos.

Y al fin, porque pareciera ser ese el objetivo principal, llega el señor Buitrago a Los crímenes de la calle Morgue donde da con el abuelito de todos los detectives del mundo, el caballero Auguste Dupin. Qué coincidencias da esta vida. No hace poco en otro Artilugio di cuenta de un personaje de la novela Conjura en la Arcadia que admira a este personaje convirtiéndolo en su seudónimo.

No nos quepa duda, Dupin es el primer detective que desenlaza el crimen de madre e hija que no cometió un ser humano sino un gorila. Después aparecen de la pluma de Allan Poe otros giros detectivescos, Las aventuras de Arthur Gordon Pym y sus cuentos donde agrega a su exquisito mundo detectivesco las duras expresiones de la fantasía, del terror, del acelerado fluir del pensamiento.

Buitrago, creo, debería ser más exhaustivo en su análisis. Claro, la editorial que lo cobija es Norma que se da por el lado adolescente convirtiendo la Literatura más amplia en un bocadillo. Sin embargo, por muy juvenil que resulte este tipo de ediciones, decir que Edgar Allan Poe nació en 1808 y murió en 1959 le da una vida de 151 años que hubiera sido fabuloso porque al morir a esa edad el maestro Poe, no existirían quizá Stephen King o Georges Simenon. Por cierto, ambos ausentes en el texto de Buitrago.

No quisiera extenderme más porque el propósito de estos Artilugios es recomendar buenas lecturas, películas, obras de teatro o piezas musicales que entretengan al respetable. Descuidadamente, el señor Jairo Buitrago no nos da más que elementos de crítica que no debemos olvidar porque de un mal libro saldrá una buena reseña.

Y aquí lo dejamos porque sí me pasé.